En transporte y almacenamiento, recomendó aplicar protocolos estrictos para evitar cruces involuntarios. La capacitación también resulta central: productores, transportistas y operadores logísticos deben comprender el impacto del problema y conocer las medidas para controlarlo.
“Debemos asumir que la mezcla de cultivos es una posibilidad inherente a la producción. Lo importante es reducir al máximo su probabilidad y sus efectos”, resumió Polenta.
Impacto comercial y exigencias crecientes
Cuando aparecen trazas no declaradas en cargas destinadas a exportación, los rechazos en destino pueden generar pérdidas económicas. En mercados que exigen rótulos precisos, “un grano mezclado puede significar concretar una operación o perderla”, añadió el especialista.
Frente a este escenario, el INTA trabaja junto a organismos internacionales para definir umbrales de referencia y validar métodos analíticos que permitan establecer criterios objetivos. Según Polenta, la solución no radica en una “tolerancia cero”, sino en un enfoque apoyado en ciencia, trazabilidad y formación continua.
Acompañamiento técnico para productores
En un contexto donde los consumidores exigen productos seguros y rótulos claros, el rol del INTA se vuelve determinante. A través de recomendaciones técnicas, ensayos y trabajo articulado con otros organismos, el Instituto acompaña a los productores en la identificación de los puntos críticos de mezcla y en el diseño de protocolos para cada etapa de la cadena.
Así, la gestión del commingling deja de ser un concepto abstracto y se traduce en prácticas concretas que reducen riesgos, evitan pérdidas comerciales y resguardan la competitividad del agro argentino en los mercados más exigentes.
Infobae – Revista Chacra


