Sanidad que sostiene la productividad
El avance no se limita al crecimiento. Camila INTA responde a un problema histórico del cultivo: la roya de la hoja, causada por Puccinia coronata. La enfermedad suele quebrar la resistencia de los materiales comerciales y obliga a renovar variedades con frecuencia. En este caso, el trabajo de mejoramiento permitió incorporar tolerancia frente a la mayoría de las razas del patógeno, aportando un resguardo clave para sostener la producción a lo largo del ciclo.
El obtentor Germán González destacó que la variedad “posee una alta tasa de crecimiento en invierno y excelente respuesta a condiciones ambientales favorables y a la fertilización. Está adaptada al pastoreo intensivo y posee un excelente rebrote”. La hoja ancha y vigorosa también suma al perfil forrajero del material y refuerza su capacidad para acumular biomasa.
Siembras tempranas y fuerte adaptabilidad
Camila INTA es, además, uno de los cultivares más largos del mercado, un atributo que abre la puerta a siembras más tempranas en función de la región y del sistema productivo. Su porte elevado y su caña firme facilitan el manejo, mientras que su comportamiento al frío brinda un margen adicional de seguridad.
Aunque su destino principal es generar forraje —el 90% de la superficie de avena del país se orienta a ese uso—, ofrece una producción de grano aceptable y comparable a la de otros materiales forrajeros.
El investigador Agustín González remarcó que la variedad presenta “un excelente comportamiento sanitario frente a la roya de la hoja, principal enfermedad del cultivo, siendo tolerante a la mayoría de las razas del patógeno”. Su adaptabilidad la convierte en una opción interesante para planteos que buscan altos rendimientos y estabilidad en pleno invierno.
Infobae – Revista Chacra – Ariana Citcioglu Beati


