En el caso de La Hoja, la situación es todavía peor: en este caso, la deuda por los 398 cheques rechazados, según el BCRA, es de 1.202 millones de pesos. En ambos, casos, también hay que sumar deudas con entidades bancarias, lo que haría ascender los montos a niveles insostenibles.
La yerba mate atraviesa un tiempo espeso desde que el gobierno nacional decidió avanzar con una desregulación casi total de la actividad. El DNU 70/2023 le quitó al Instituto Nacional de la Yerba Mate su capacidad de intervenir en la fijación de precios, un rol que durante años funcionó -con tensiones y límites- como un dique de contención entre los productores primarios y la industria.
Sin esa mediación, el precio de la hoja verde pasó a definirse casi exclusivamente desde el mostrador del molino. En muchos casos, muy por debajo de los costos de producción y con plazos de pago extendidos a 90 o incluso 120 días. Para el productor chico, eso no es una variable financiera, sino la imposibilidad concreta de salir a cosechar.
Los colonos misioneros lo dijeron desde el primer día. Sin precio y sin plazos razonables, el sistema no cierra. Y no cierra, además, en una actividad que no ofrece demasiadas alternativas: el yerbal no se levanta y se reemplaza como un cultivo anual. Los montes de Ilex paraguariensis quedan ahí durante décadas, atando al productor a una economía que, hoy, no le garantiza ni siquiera cubrir costos.
Primero fueron las protestas. Luego, los cortes de ruta. Ahora, el problema empezó a subir un escalón en la cadena.
En Misiones, las cooperativas no son un actor más. Son, para muchos productores, la única herramienta para agruparse, defender precio y tener espalda frente a los vaivenes del mercado. Por eso, cuando una cooperativa entra en problemas, el impacto se multiplica.
La primera señal fuerte llegó desde Andresito, que semanas atrás comunicó a sus socios una cesación de pagos debido a un estrés financiero en medio del deterioro general del sector. Con consumo en baja, importaciones de yerba desde Brasil y Paraguay y un mercado interno planchado, el escenario ya era complejo.
Ahora se suman Km 16 y La Hoja, esta última cuyo volumen y peso específico dentro del sector hace que el problema deje de ser puntual. Pero el efecto dominó no termina ahí. Parte de esa deuda corresponde a otras cooperativas más chicas que le entregaron yerba canchada – o verde- y que, al no cobrar, quedaron a su vez sin poder cumplir con sus propios compromisos.
En el caso de KM 16, se trata de una cooperativa tiene 20 años. Está conformada por 20 socios y compran yerba a terceros productores. Son unas 110 familias, de las cuales unas 50 aun no cobraron.
La cooperativa adquiere cada año alrededor de 8 millones de kilos de hoja verde, que luego del secado se transforman en unos 3 millones de kilos de yerba. Solo entre el 10% y el 15% se destina a marca propia; el resto va a molinos para su estacionamiento, entre ellos La Hoja.
La crisis yerbatera avanza. Ya no solo golpea al productor primario. Ahora también erosiona las estructuras colectivas que, durante décadas, fueron el sostén de una de las economías regionales más emblemáticas del país. Y cuando esas estructuras empiezan a ceder, el problema deja de ser coyuntural para volverse sistémico.
Bichos de Campo – Diego Mañas


