A las 29.500 toneladas de Hilton (incluyendo las 111 del Reino Unido), desde hace siete años se sumaron las 20.000 toneladas otorgadas oportunamente por Estados Unidos, representando un volumen de cuotas administradas equivalente a aproximadamente el 8% del volumen total expresado en peso producto y el 16% del valor total de las exportaciones de cortes enfriados, con y sin hueso. Ambas cuotas se asignan en un 90 y un 95% a industriales procesadores y un 10 y 5% a grupos y asociaciones de criadores, respectivamente, en base a criterios de past performance de los últimos tres años, ponderando el 50% para el último año y el 30 y 20% para los dos años anteriores, y tomando el 70% sobre el valor de exportaciones extra-cuota y un 30% sobre las realizadas dentro de la propia cuota.
Con los parámetros vigentes, las asignaciones de cuotas muestran que las diez empresas con mayor cuota concentran el 70% y el 80% para Hilton y EE. UU., respectivamente, para la cuota asignada a la industria.
La suma de la nueva cuota de 511.000 toneladas a China y las 80.000 adicionales a EE. UU., sumadas a las ya existentes, superan largamente el volumen total exportado por nuestro país en los últimos años, de modo que la mayoría excluyente de nuestras exportaciones de carne vacuna estarán bajo algún sistema de ordenamiento o administración gubernamental.
El riesgo contingente, en función de las experiencias pasadas, no es menor. Y no me refiero a este gobierno, que ha demostrado claro enfoque hacia la libertad de comercio, sino a otros que en el futuro vean a estos esquemas como una forma de regular, intervenir y hasta generar “ingresos” con esquemas de administración de “todo tipo”.
Una extensión de los sistemas de past performance como los aplicados en las dos cuotas existentes llevaría a la concentración de las exportaciones en pocas manos; otros esquemas que introduzcan otros criterios implican el peligro de generar ganadores y perdedores sujetos a criterios poco claros y no necesariamente potenciadores de los estímulos requeridos por la cadena.
No tengo una propuesta de “la mejor solución”, porque seguramente será difícil asegurar un equilibrio adecuado entre los incentivos a la inversión, la libre competencia y la maximización de operadores que aseguren la libre formación de precios a la producción en función de calidad y cumplimiento de estándares.
Sí estoy convencido de que se trata de un tema de enorme trascendencia que requerirá debates y propuestas bien analizadas para que lo que hoy es una excelente noticia no se transforme en un problema el día de mañana.
El autor es consultor ganadero
La Nación


