En tanto, las exportaciones de aceite - en su mayoría crudo, sin refinar - “confirman que cada año se supera un nuevo récord”: 1,31 millones de toneladas, superando en 319.000 toneladas las exportaciones del 2024, que fueron de 991.000 toneladas.
Esta destacada performance se explica por dos cuestiones principales: una mejora en el negocio de la mano de los precios internacionales sostenidos y la apuesta de los agricultores por el cultivo.
En diálogo con Clarín Rural, el asesor económico de la Asociación Argentina del Girasol (Asagir), Jorge Ingaramo, señaló al conflicto entre Rusia y Ucrania como uno de los principales factores que explican el sostenimiento de los valores, junto a problemas productivos en Hemisferio Norte.
“Ya son cuatro los años que venimos con precios internacionales excelentes, por la invasión rusa a Ucrania, a lo que se sumó el año pasado una reducción de la cosecha en el norte de casi 5 millones de toneladas. Pero también cabe destacar que los agricultores volvieron a destinar tierras de alta calidad en la producción: Se fue interiorizando cada vez más con la tecnología del cultivo y hubo un crecimiento de área interesantísimo: en 2015 estábamos en 1,4 millones de hectáreas y ahora estamos en 2,7 millones. O sea, se duplicó la superficie”, detalló Ingaramo.
Teniendo en cuenta este panorama ya auspicioso de por sí, la industria “también aprovechó los muy buenos momentos de baja o eliminación de retenciones”, al mismo tiempo que se registraron “muchas más ventas por parte de los productores, trayendo tranquilidad financiera a la industria, posibilitando una molienda mucho más fluida”, sostuvo Ingaramo.
Este combo dentro y fuera de nuestras fronteras hizo que “el girasol argentino sea muy demandado”. Según cálculos propios, el 2025 totalizaría con una molienda de 4,65 millones de toneladas, “lo cual es más que lo producido y el resultado es bien claro: el complejo exportó US$ 2.019 millones, con un crecimiento interanual de 46,8%”.
Gran parte de esto fue gracias al salto de los precios, ya que el precio promedio FOB del aceite crudo pasó de US$ 913 en 2024 a US$ 1.103 en 2025.
“Perspectivas brillantes”
La buena noticia no es que 2025 fue más que bueno, sino que 2026 seguiría por la misma senda con un escenario a mediano plazo inclusive mejor, de la mano de la firmeza en los precios, una cosecha histórica en puerta y el conflicto ruso-ucraniano aparentemente lejos de una resolución.
“Las perspectivas son brillantes”, dijo Ingaramo, que presidirá un congreso sobre el cultivo en abril en la ciudad de Mar del Plata, ya que “las buenas condiciones se van a mantener en 2026 y así lo demuestran las posiciones futuras. Además, en abril o mayo recién nos vamos a enterar cuál va a ser la siembra del Hemisferio Norte”.
“Aparte, el stock de grano de girasol está en valores críticos en el mundo. La relación stock-consumo está en el 6%, cuando lo común es 12%”, aseguró.
Con este panorama y una cosecha histórica que alcanzaría los 5,4 millones de toneladas en esta campaña, la industria deberá adaptarse: “Va a haber un récord de producción que va a necesitar más capacidad de molienda, la cual va a estar superada a corto plazo. De hecho, se está pensando en hacer un 'switch' en las plantas de procesamiento de soja para hacer girasol. Quizá a finales de 2026 se va a poder alcanzar, porque Vicentin va a estar trabajando y Molinos Agro va a tener operativa su inversión para moler”, dijo Ingaramo.
Y estas “perspectivas brillantes” también la ven en la industria semillera, ya que, según afirmó el especialista, ya están pensando en producir semillas para poder implantar 3 millones de hectáreas.
Clarín


