El ministro subrayó que, más allá del avance provincial, persiste una fuerte preocupación por la situación del tramo 4.2 del Plan Maestro, cuya ejecución está a cargo del Gobierno nacional. “Es una etapa que dejó de pagarse a partir de diciembre de 2023 y quedó neutralizada. Nación dijo que la iba a retomar, pero vemos todo muy frenado”, advirtió.
El ministro bonaerense remarcó que los recursos para esa obra existen, ya que provienen de un fondo hídrico específico financiado con el impuesto a los combustibles. “Los recursos están, lo que necesitamos es la decisión del Gobierno nacional de volcarlos en la etapa 4.2”, reclamó. Según indicó, la falta de avances en ese tramo incluso demoró varios meses la posibilidad de avanzar con el financiamiento internacional del tramo 5 y además fue uno de los factores que impidió que escurra el agua en los partidos del noroeste bonaerense que se inundaron en 2025.
“Para nosotros es fundamental que la etapa 4.2 avance y se finalice lo antes posible. Las obras de este tipo deben hacerse aguas arriba, y si ese tramo no se completa puede generar serias complicaciones”, explicó, al tiempo que advirtió sobre los riesgos hídricos y productivos que implicaría una obra inconclusa.
El ministro también destacó que, salvo el tramo 5 y el 4.2, el resto del Plan Maestro ya está finalizado. “El tramo 4.1, 4.3 y 4.4, todo el tramo 3, el tramo 2 y el tramo 1 están terminados. Es decir, en los últimos seis años se avanzó como nunca antes en la obra del Salado”, afirmó.
Además del dragado principal, la provincia avanza con obras complementarias clave para el funcionamiento integral de la cuenca. Entre ellas, Rodríguez mencionó el nodo Bragado, que permitirá manejar los arroyos que confluyen en el Salado, y cuya licitación también está en marcha, con una inversión estimada en 130.000 millones de pesos financiados por la provincia.
Finalmente, Rodríguez remarcó la importancia estratégica del Plan Maestro del Río Salado para el desarrollo productivo y la reducción del riesgo de inundaciones. “Estamos hablando de una cuenca de unos 17 millones de hectáreas, más de la mitad de la provincia de Buenos Aires. El impacto es productivo, económico y también social, porque reduce de manera sustancial el riesgo hídrico en localidades del interior”, concluyó.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti


