El jopo del girasol, vale recordarlo, es una planta parásita que compromete seriamente el desarrollo del cultivo. Se instala en la base de las plantas, de las que extrae agua y nutrientes, afectando el rendimiento y la viabilidad económica del lote.
“Su presencia es especialmente problemática porque puede pasar desapercibida en los primeros estadios y manifestarse cuando el daño ya está hecho”, señalaron en el organismo estatal.
Si bien la Argentina se mantiene libre de esta plaga, su presencia en países limítrofes, como Bolivia, enciende una señal de alerta permanente.
La capacidad de dispersión del jopo, a través de semillas extremadamente pequeñas que pueden trasladarse por el viento, el agua o incluso adheridas al calzado y la vestimenta, obliga a extremar los recaudos y sostener un control activo en las zonas productivas.
Prevención, monitoreo y resultados
En los recorridos realizados hasta el momento en La Pampa no se detectaron indicios de la maleza, un dato que aporta tranquilidad al sector, pero que no implica bajar la guardia.
Desde el organismo sanitario remarcaron que la ausencia actual de la plaga es, en buena medida, resultado de las políticas de prevención y del trabajo sostenido en territorio.
“El seguimiento continuará durante el resto del año, con nuevas inspecciones que permitirán evaluar la evolución del cultivo y mantener el estatus sanitario”, indicaron.
En una provincia donde el girasol cumple un rol relevante dentro de las rotaciones y la economía regional, la vigilancia fitosanitaria se consolida como una herramienta clave para proteger la producción y evitar riesgos que podrían tener un fuerte impacto a futuro.
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