Lunes, 26 Enero 2026 02:27

La pasión, la tradición familiar y los erráticos márgenes agrícolas llevaron a que Adrián Colaneri arme su rodeo ganadero de alta producción en medio de la zona núcleo

En plena zona núcleo, donde la agricultura suele imponerse por la calidad de los suelos y los altos rindes, Adrián Darío Colaneri tomó una decisión que va a contramano de la lógica dominante.

Sin abandonar del todo los cultivos, decidió volver a meter vacas en su campo, convencido de que la ganadería podía aportarle algo que una agricultura que, con costos crecientes y márgenes cada vez más ajustados, había empezado a perder.

“Mi actividad principal siempre fue el asesoramiento agropecuario, agrícola y ganadero, y en paralelo fui haciendo producción propia en campos arrendados, básicamente agricultura”, cuenta Colaneri, productor de la zona de Junín, Lincoln y alrededores.

Ingeniero agrónomo de formación, durante más de 30 años trabajó en un semillero de forrajeras, lo que marcó a fuego su perfil técnico y su mirada productiva. “Mi pilar básico de formación fue el pasto”, resume.

La ganadería no era algo nuevo para él. A comienzos de los 2000 había tenido algunas experiencias, aunque sin involucrarse de lleno en la gestión. El punto de inflexión llegó entre 2014 y 2015, cuando empezó a hacer números más finos. “La agricultura en campos alquilados, con los costos elevados, el problema de las malezas, el clima errático y los precios internacionales estancados, nos dejó una sensación de sabor amargo en cuanto a la rentabilidad”, explicó.

Pero más allá de los números y la planificación, hay una dimensión emocional que atraviesa la decisión. La ganadería es, para Colaneri, un regreso a las raíces. “Mi abuelo tenía vacas, mi padre también, y después de muchos años en agricultura, él volvió a la ganadería de grande y se recontra apasionó de nuevo”, cuenta. Su padre, con 83 años, sigue manejando su propio rodeo. “Eso también pesa: es vocacional y seguimos con la tradición familiar”.

Entre los sentimientos y los números fríos y a veces malos que dejaba la agricultura se decidió por el cambio.

Además, había otro factor clave: muchos lotes dentro de los establecimientos tenían aptitud mixta o directamente ganadera, y quedaban subutilizados en esquemas puramente agrícolas. “Calzaba bien tener ganadería en parte agrícola y usar esas partes que quedaban en desuso”, agrega.

El arranque fue gradual: “empezamos despacito con un rodeo chico, y siempre veíamos que el número era estable, a veces un poquito abajo, a veces un poquito arriba, pero estable”, recuerda. Con el tiempo, el esquema fue creciendo hasta llegar a manejar cinco campos con ganadería; hoy, tras una reestructuración, trabaja en tres, todos con contratos de alquiler de largo plazo, necesarios para amortizar inversiones en infraestructura y pasturas.

El planteo ganadero está fuertemente apoyado en la producción de forraje de alta calidad. La base es alfalfa, complementada con verdeos y rotaciones pensadas para integrarse con la agricultura. “Al tener pasturas de alta producción, te da mucho volumen de pasto”, explicó Collaneri.

Y cuando el clima acompaña, como ocurrió en la última campaña, el sistema muestra todo su potencial: “Fue un año muy bueno y nos dio un plus de forraje que no lo esperábamos”.

En cuanto al rodeo, trabaja con Angus, pero desde hace algunos años incorporó genética Limangus y Limousin buscando más rendimiento carnicero. “Busqué animales con más musculatura, más rendimiento al gancho y que permitan ir a pesos más altos sin engrasarse rápido”, detalla. Hoy, cerca del 80% de los toros que utiliza son Limangus.

La cría es el corazón del sistema, con índices productivos altos. “Trabajo con vacas siempre en muy buen estado, y logro porcentajes de preñez del 93 al 95%”, afirma. El objetivo es destetar pesado: “Trato de que el ternero esté entre un 50 y un 60% del peso de la madre, a los siete meses”. Con buena genética, pasto y manejo, los terneros alcanzan ganancias diarias cercanas o superiores al kilo.

El esquema actual combinar la cría, la recría y el engorde con granos. Una parte de los terneros más pesados va directo al feedlot para una terminación corta; otro tercio se vende para hacer caja y sostener la parte agrícola y el resto entra en recría a pasto, con la posibilidad de terminar más adelante a pesos de 450 a 500 kilos. “La estrategia es flexible y se va ajustando según el pasto y los precios”, explica.

Bichos de Campo – Nicolás Razzetti