Plantea una postura disruptiva sobre la tenencia de la tierra: critica el sistema de alquileres anuales por fomentar, dice, la desfertilización y pide una ley de arrendamientos más equitativa que involucre al dueño del campo en la inversión agronómica del suelo.
Representatividad
Simone explica que la falta de visibilidad del contratista es una falla histórica que su gestión intenta revertir a través de alianzas con organizaciones como la Fundación Barbechando. El objetivo es que tenga voz propia en el Congreso cuando se discuten leyes de emergencia agropecuaria o transporte de maquinaria agrícola. “Si no estamos en la mesa, nos ignoran en las decisiones que afectan directamente nuestros costos”, afirma el dirigente.
Destaca que, si bien tiene una “excelente relación personal” con figuras como Nicolás Pino, presidente de la Sociedad Rural (SRA), la representatividad de Facma debe ser institucional y no depender de voluntades individuales.
El dirigente también cuestiona la perpetuidad en los cargos gremiales y aboga por una renovación generacional. Su llegada a la conducción de la federación marcó un cambio de perfil y aportó una impronta de mayor visibilidad, profundizando el diálogo directo con el Ministerio de Economía y la Secretaría de Agricultura, sostiene.
Además, considera que el contratista es un “empresario de riesgo” que invierte millones de dólares en tecnología pero que, “ante una sequía o una crisis de precios, queda desprotegido por no ser dueño de la tierra que trabaja”.
Maquinaria, importaciones y competitividad
Respecto a la industria nacional, Simone sostiene una posición pragmática: apoya la apertura de importaciones de maquinaria para mejorar la competitividad del productor y el contratista. Recientemente, en el Congreso, planteó que no se puede obligar al sector productivo a pagar sobreprecios por tecnología local si esta no es igual de eficiente o no tiene disponibilidad inmediata.
Asegura que la tecnología actual permitiría a la Argentina producir entre un 20% y un 30% más con la misma superficie sembrada, sin necesidad de nuevos desmontes. Sin embargo, esto requiere sembradoras preparadas para una mayor fertilización y cosechadoras que funcionen como “relojes sincronizados”.
Para Simone, “la descapitalización es agónica” porque las tarifas orientativas que publica Facma por los servicios pocas veces se pueden cobrar de forma plena ante la caída de rentabilidad de los productores.
Una visión social
Con un perfil que combina su experiencia técnica con una fuerte conciencia social, Simone rechaza “el egocentrismo” y busca otra mirada para el agro argentino. Admira la austeridad de figuras como lo fue José "Pepe" Mujica y advierte que el campo debe mirar su entorno. “Es hipócrita quejarse por no poder cambiar una máquina si el vecino no tiene para comer”, reflexiona.
A su vez, propone una “responsabilidad social de producir” que incluya el cuidado del medio ambiente y la transparencia en las relaciones laborales.
Para Simone, el esquema de alquileres anuales es un “cáncer” para la sustentabilidad del sistema productivo: “No puede haber un descompromiso social del dueño del campo... Muchos se desentienden, pasan cada seis meses a cobrar la cuota y no miran si se está fertilizando o cómo es el estado de sus lotes”, critica con severidad. Según el dirigente, esto se debe a la falta de una ley de alquileres equitativa que no solo perjudica el bolsillo de quien trabaja, sino que degrada el patrimonio tierra.
El dirigente pone sus expectativas en la próxima Cumbre de Contratistas en Expoagro 2026. Allí espera concretar anuncios de líneas crediticias que permitan el salto tecnológico que el campo necesita.
Luis “Freddy” Simone define al contratista como un “optimista de primera línea” que, pese a los problemas de logística, infraestructura y presión fiscal, sigue invirtiendo “cada peso que gana en renovar sus herramientas”. Su mensaje es claro: “Facma es el motor de la cosecha y reclama el lugar que le corresponde en las grandes mesas de decisión”.
La Nación – Robertino Imberti


