Si bien los equipos desarrollados para este trabajo (Weed Seker y Weed-It) se instalan sobre el mosquito, con lo cual reconocen la maleza y aplican en el momento que pasa el pico aplicador sobre el objetivo a controlar, este otro método con drones no es tan preciso, pero permite detectar malezas y sus manchones a partir de los 10 cm de diámetro aproximadamente.
“Como ejemplos se puede mencionar el raigrás en barbechos de trigo y maíz, o el Yuyo colorado en soja. Además, con el reconocimiento de malezas por su cámara, el dron se utiliza en el manejo de árboles frutales y en ganadería para el control de renuevos del monte en las pasturas y en la producción forestal para el control de malezas”.
Una tecnología con opciones
Luego, se pueden realizar las aplicaciones dirigidas de fitosanitarios con drones aplicadores --distintos al dron que captura las imágenes-- o también con un mosquito que tenga instalada una computadora a bordo de modelo típicamente actual y corriente, que son compatibles con el software que entrega del dron de las imágenes, sin necesidad de ninguna otra calibración ni ajuste.
“Esto permite reducir costos, en cantidades que van de acuerdo al valor del agroquímico en cuestión, ya que hacer el vuelo de reconocimiento y luego la prescripción tiene su costo. Si se hace la aplicación con dron, esta tiene su valor, pero, con el ahorro en agroquímico se compensan los referidos costos y se obtendrá un saldo beneficioso”.
Aunque, a juicio de Sonia, lo más importante radica en la sostenibilidad que se logra con la reducción del impacto ambiental de los agroquímicos en el suelo y en el medio ambiente aplicados con esta tecnología.
“Un caso puede ser el uso de glifosato o Cletodím que en agricultura extensiva son productos muy usados y de un costo relativamente bajo. Otra cosa es en el cultivo de arroz cuando se utilizan productos de alto valor, y entonces el servicio con drones, se paga tan solo por el ahorro generado en insumos cuyo precio ronda los 30 U$S el litro. Si se aplican 2 litros por ha en cultivo, o sea que son 60 dólares solo de insumo. Como ejemplo recuerdo que hace unos días me llamó un arrocero que no dudó en tomar los servicios con drones”.
Los suelos de Entre Ríos
Es conocido que en Entre Ríos los suelos son muy arcillosos y lo mejor es tocarlos lo menos posible, y Sonia explica: “En Entre Ríos, la agricultura se desarrolló gracias a la siembra directa y al silo bolsa. Cuando se labraban los lotes los suelos quedaban fofos, lo cual complicaba la siembra, la pulverización y la cosecha. Por ello solo se pasa un implemento mecánico solo cuando no queda otra opción, pero no es bueno hacer ese trabajo todos los años en todos los lotes”.
Por otro lado, el silo bolsa llegó en su momento para suplir la falta de estructura de almacenaje de granos que dominaba la provincia cuando se dio el boom de la soja. Así las cosas, el productor podía sembrar con la siembra directa, y almacenar el grano en su campo ya que no tenía a quien enviarlo. Otra complicación no menor en la cosecha son los caminos complicados a raíz de la textura fina de los suelos, que se complica en el otoño cuando se cosecha la gruesa.
“Algo también importante que se logra con las aplicaciones manejadas por el software relacionado con los drones es el mejor control del efecto carry over, es decir el impacto negativo que algún producto puede tener sobre un cultivo siguiente en la secuencia de la rotación”, afirma Gyukits.
Clarín – Juan B. Raggio


