En este sentido, marcó que en diferentes puntos de venta se puede observar una gran disparidad de precios: “Una costilla la podés conseguir a $25.000 el kilo o a $11.000. Pero a ese precio se llega porque no tiene el mejor control sanitario, porque no tuvo el frío suficiente, porque tal vez el personal está precarizado y en negro, porque tal vez no se pagan las cargas patronales o no se pagan impuestos”.
Para Urcía, la informalidad se debe a deficiencias en los controles oficiales. “Debe ser porque a algunas empresas no la están mirando con el detenimiento que deberían. Yo creo que a nivel de control comercial, que depende de la Secretaría de Agricultura, se han hecho avances, se quiere trabajar sobre una especie de tablero de control, de tener seguimientos de esa información. Ahora, toda la información de pago de cargas sociales y todo eso lo maneja ARCA. Si esa información no se analiza en tiempo y forma, o si los controles llegan tarde, se dan estas situaciones”, explicó.
“El no control de evasión va a significar cierre de empresas formales. A aquel frigorífico que le toque competir con un trucho va a morir en el intento”, afirmó.
Respecto a las situaciones puntuales que presentaron algunos frigoríficos, con severos problemas financieros y de funcionamiento, Urcía entiende que se debe, en parte, a cuestiones de cambios en la lógica del negocio.
“Creo que lo que hemos visto hasta ahora es la situación de algunas empresas que de alguna manera venían con problemas de gestión, pero en un sistema inflacionario por el cual se disimulaba o se licuaba ese problema. Cuando se estabiliza (la inflación), si no sos competitivo, si venías sobregirado o endeudado pensando que la inflación te iba a licuar, una vez que bajó la ola, se te vino el problema encima”, puntualizó Urcía.
Además, remarcó que “todas las regulaciones que había antes, la brecha en el tipo de cambio, el rulo financiero y toda esa historia, hoy tampoco existen más, por lo que tenés que ser muy sólido en el negocio, en tu actividad, porque no hay extras”.
Por el lado de la exportación, el dirigente empresario también sostuvo que el negocio cuenta “con los números ajustadísimos, y van a seguir así, porque hay un stock que es insuficiente para la demanda que hay, y hay una capacidad de procesamiento que supera a esa oferta. El año pasado hicimos menos volumen de exportación comparado con el 2024, pero mayor valor. La tendencia debiera ser que este año hagamos el mismo volumen que en el 2025, o menos, pero con la misma capacidad instalada. Si no nos cuidamos, el mercado va a ajustar y lo va a hacer por capacidad. O sea, lo que sobre se va a cerrar”.
Matarifes y consumo interno
Por su parte, el presidente de la Cámara de Industrias Cárnicas (Cainca), Gustavo Marcos, planteó que “las plantas de faena de consumo están muy impactadas económicamente por una suba de costos superior al 40% que hemos tenido durante todo el 2025, incrementos muy superiores a los ingresos que obtienen por la venta de subproductos como el cuero y el sebo”.
“En este escenario, plantas frigoríficas y matarifes abastecedores que aprovisionan al consumo interno venimos sosteniendo la producción y la distribución absorbiendo pérdidas y frecuentes cambios de precio de la hacienda, pero, además, en este momento hay que sumar complicaciones en los plazos de pago y costos financieros que en muchos casos ponen en jaque a más de una empresa en marcha”, concluyó.
Por el lado de los matarifes, el negocio también muestra señales de deterioro y preocupación para sus actores. “La situación está muy delicada. Los márgenes de rentabilidad son casi nulos o en algunos casos negativos”, sostuvo el presidente de la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (Camya), Leonardo Rafael.
Según explicó Rafael, los empresarios no quieren perder la colocación de carne en los puntos de ventas, a pesar de las pérdidas que esto pueda representar.
“La actividad se rige por movimiento de kilos y nadie quiere perder eso, porque perderlos significa que el punto de equilibrio es cada vez más alto. Pero lo que no te daña por bajar los kilos, te daña por no hacer plata la mercadería. Estamos en un dilema del ‘huevo o la gallina’”, indicó.
Para Rafael, este panorama va a seguir hacia adelante. “Lamentablemente, veo a futuro que la situación va a estar cada vez más delicada, porque no se levanta la plata de la venta de la carne en la calle. Si uno vende por el 100% del valor del producto, levanta 60% o 70%. Nuestra rentabilidad, en el mejor de los casos, es del 2% o 3%. O sea, nos queda la rentabilidad más el capital comercial tirado en la calle”.
“Lo preocupante es que no se marca con el valor que se debe la mercadería, por miedo a que rebote la venta. Están todos jugando a menos, lo cual nos va a traer problemas muy grandes”, concluyó.
Clarín – Juan Manuel Colombo


