“Los resultados mostraron que el nitrógeno es el factor más determinante en la acumulación de biomasa”, explicó Estefanía Lucero, investigadora de la Facultad de Ingeniería y Ciencias Agropecuarias, CONICET e INTA San Luis.
El contraste también se ve en los escenarios intermedios: cuando el único factor limitante fue el nitrógeno, el rendimiento descendió a 13 toneladas por hectárea; cuando la restricción principal fue el agua, la producción promedio fue de 15 toneladas, con una brecha del 32 % respecto del potencial.
Implicancias para el manejo forrajero
En ensayos a campo, las precipitaciones inferiores al promedio histórico (436 mm frente a 656 mm) reforzaban la idea de que el agua era el freno principal. Sin embargo, la simulación a largo plazo mostró otro panorama.
“El nitrógeno explica una mayor proporción de la variabilidad productiva”, señaló Karina Frigerio, investigadora del INTA San Luis, y esto abre una lectura directa para el manejo: mejorar la disponibilidad de nitrógeno puede cerrar brechas relevantes.
Germán Berone, del INTA Balcarce, destacó el valor de estas herramientas para entender la dinámica de los sistemas forrajeros y proyectar escenarios en contextos de variabilidad climática.
En definitiva, el estudio sugiere que optimizar el manejo del nitrógeno —por fertilización o estrategias que favorezcan su reciclaje— puede ser una palanca concreta para potenciar la productividad del Panicum coloratum y mejorar la sostenibilidad de los sistemas ganaderos en regiones semiáridas.
Infobae – Revista Chacra – Ariana Citcioglu Beati


