“Estamos en un experimento donde sembramos tardíamente el maíz para fomentar la presencia de la chicharrita”, señaló.
Para llevar adelante el monitoreo, el equipo aplica distintos métodos de muestreo que nutren la red nacional de seguimiento de la especie. Peralba detalló que utilizan trampas amarillas, realizan observaciones directas en los cogollos de las plantas y emplean redes de arrastre.
En cuanto al escenario actual y su posible impacto productivo en el norte de Buenos Aires, el panorama es alentador pese a la detección de las primeras poblaciones. Según el especialista, los niveles registrados hasta el momento no constituyen una amenaza crítica para los maíces tardíos.
“Hasta el momento estamos a fines de febrero. Las poblaciones de Dalbulus maidis siguen bajas, lo que consideramos que no va a tener impacto sobre el rendimiento”, detalló el profesional de la experimental pergaminense.
Estos datos aportan previsibilidad para los productores de la zona núcleo, ya que indican que, por ahora, la presión de la plaga se mantiene bajo control y no comprometería la productividad de los maíces tardíos de cara a la cosecha.
Las regiones endémicas, bajo la lupa
En la zona endémica del NOA, donde el 98% de las trampas se colocó en lotes con maíz, las poblaciones de Dalbulus maidis continuaron en aumento.
Solo en el 7% de las localidades no se registró presencia; en el 67%, las capturas se ubicaron en los niveles más bajos (de 1 a 20 adultos por trampa), mientras que en puntos neurálgicos —como El Abra y Los Altos (Catamarca)— las densidades crecieron de manera significativa. En esta región, el 34% de los maíces se encontraba en estadios vegetativos avanzados y el 9% en reproductivos.
En el NEA, la otra región endémica, el 89% de las muestras registró presencia del vector. Las categorías más bajas (1 a 20 adultos por trampa) representaron el 47% de los casos, mientras que las mayores densidades se detectaron en Colonia La María y Calchaquí (Santa Fe), y en Roversi (Santiago del Estero). Allí, el 91% de las trampas se ubicó en lotes con maíz, y el 79% de los cultivos transitaba estadios iniciales.
En el Litoral, donde el 83% de las trampas estuvo instalado en maíz, también se incrementaron las capturas, que alcanzaron al 89% de las localidades relevadas. No obstante, el 54% registró los niveles más bajos, y la categoría superior —más de 100 insectos por trampa— se mantuvo estable, concentrada en Villa Hernandarias y Concepción del Uruguay (Entre Ríos). En esta región, el 60% de los maíces se encontraba en estadios reproductivos y el 10% en vegetativos avanzados.
En el Centro-Norte, con el 68% de las trampas sobre cultivos de maíz, las detecciones alcanzaron al 88% de las localidades. Sin embargo, continuaron predominando los niveles más bajos (1 a 20 adultos por trampa), que abarcaron el 51% de los casos. Las mayores densidades se registraron en Sebastián Elcano (Córdoba) y Ceres (Santa Fe). Allí, el 30% del maíz se encuentra en estadios reproductivos y el 45% en vegetativos avanzados.
La excepción fue el Centro-Sur, donde Dalbulus maidis se mantuvo estable. Con el 43% de las trampas instaladas en lotes con maíz, el 86% no presentó detecciones. No obstante, en el 2% de los casos apareció por primera vez en la campaña la categoría de presencia intermedia (de 21 a 50 adultos por trampa), en Zavalla (Santa Fe) y Marcos Juárez (Córdoba).
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