Para Mondino, allí está la principal materia pendiente si se quiere ingresar en una etapa de crecimiento ganadero. Sin un impulso claro a la cría, la cadena pierde base. Los precios acompañan, la demanda existe, pero la inversión de largo plazo necesita previsibilidad y crédito.
En la invernada el escenario fue de firmeza. El ternero de 200 kilos —referencia del mercado— se ubicó entre 7.000 y 7.200 pesos, con ventas ágiles. Machos y hembras se movieron mayormente entre 6.000 y 7.000 pesos. El novillito de 270/280 kilos cotizó entre 5.700 y 6.300, mientras que el novillo pesado, de 320 kilos para arriba, se ubicó entre 5.200 y 5.500 pesos, con algún lote destacado que alcanzó los 5.550.
El ternero muestra una suba interanual incluso superior a la del gordo, impulsado por la disponibilidad de pasto en muchas zonas invernadoras. Las lluvias oportunas, los verdeos y los perfiles cargados empujan la reposición. Además, se acentúa la diferencia entre la hacienda con genética y los rodeos más desparejos: los terneros cabeza de parición, bien definidos y homogéneos, generan mayor competencia y mejores valores.
En cuanto a la hacienda para faena, el dato destacado fue que el consumo interno superó a la exportación. Los lotes livianos de 300 kilos se pagaron en torno a los 9.300 pesos al levantar del campo. El novillo de 400/420 kilos se movió entre 9.000 y 9.300 pesos; el más pesado de consumo rondó los 8.700/8.800, mientras que el novillo de exportación se ubicó entre 8.300 y 8.400 pesos.
El consumo doméstico continúa firme y sostiene el mercado, aun en un contexto de restricciones económicas. Para Mondino, la carne vacuna sigue siendo un componente central en la mesa argentina, y eso explica la fortaleza de la demanda.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti


