Cuando las plantas estuvieron expuestas a polinización biótica, el rinde alcanzó los 2.427,9 kilos por hectárea. En cambio, bajo condiciones de autopolinización, el promedio se ubicó en 1.538,8 kilos.
La diferencia refleja el peso que tiene la interacción cultivo-colmena en la expresión del potencial reproductivo de la carinata.
“La polinización biótica incrementó significativamente todas las variables de rendimiento evaluadas en comparación con la autopolinización: más frutos formados, más semillas por fruto y mayor peso total de semillas por unidad de superficie”, precisó Orellano.
El estudio también cuantificó que la polinización biótica representa entre el 37% y el 40% del ingreso potencial del lote, un dato que pone en números concretos el aporte económico del servicio ecosistémico que brindan las abejas.
En este marco, la integración de la actividad apícola deja de ser complementaria para convertirse en un factor productivo clave dentro de los esquemas agrícolas del centro del país.
Más cantidad, y también calidad
Un aspecto relevante del ensayo es que no se registraron diferencias en el número de plantas por metro cuadrado ni en la materia seca total entre los tratamientos evaluados. Tampoco hubo variaciones significativas en el contenido de proteína bruta ni en el extracto etéreo de las semillas.
En otras palabras, la incorporación de colmenas impactó directamente en la cantidad producida, sin modificar la calidad del grano. Esto refuerza la viabilidad de la práctica desde el punto de vista industrial y comercial.
Si bien la carinata puede producir semillas en ausencia de polinizadores, la autopolinización resultó insuficiente para expresar su máximo potencial. La dependencia de la polinización cruzada quedó así evidenciada en condiciones reales de producción.
“La polinización biótica tiene un efecto positivo y significativo sobre la productividad de Brassica carinata en condiciones reales de producción y constituye un servicio ecosistémico clave para la producción agrícola, particularmente en cultivos con dependencia de los insectos polinizadores”, subrayó Orellano.
Para el investigador, es esencial integrar la polinización como un componente del manejo agronómico y como un insumo productivo estratégico, cuyo aporte económico justifica plenamente la implementación de prácticas orientadas a la conservación de polinizadores silvestres y a la incorporación planificada de colmenas durante el período de floración.
Los avances y resultados del ensayo serán presentados el 26 de febrero en una jornada apícola en el INTA Rafaela, donde se abordará el rol de la polinización como herramienta concreta de integración entre agricultura y apicultura en los sistemas productivos del centro argentino.
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