Según detalló, la transformación incluye desde ajustes en el management hasta modificaciones en software y en las áreas funcionales, con el objetivo de “darle un valor específico al negocio de agro”. En ese sentido, subrayó que se trata de “una oportunidad histórica”, ya que el agro fue uno de los segmentos de mayor rentabilidad dentro del grupo.
“Vamos a vivir una transformación con una mirada 100% enfocada en agricultura. Es un salto de eficiencia, haciendo zoom en uno de los negocios más valorados por la compañía”, señaló Regueira, y remarcó que la cotización en Frankfurt permitirá otorgarles una valoración propia frente a los accionistas.
El ejecutivo destacó que la nueva compañía reforzará su estrategia de posicionarse entre los tres principales jugadores globales del mercado.
En esa hoja de ruta, el negocio seguirá apoyándose en la protección de cultivos, histórico ADN de la firma, pero con fuerte impulso en semillas (compró de parte del portfolio a Bayer en 2018), herramientas digitales (con la plataforma Xarvio) y en biológicos (lanzó el primer inoculante inoculante en formato sólido y compró la empresa norteamericana AgBiTech).
Con más de 150 años de historia, BASF emplea a unas 112.000 personas en el mundo y opera en prácticamente todos los sectores industriales. Su cartera se divide en los segmentos de productos químicos, materiales y soluciones Industriales, entre otras.
En 2024, el Grupo BASF registró ventas por 65.300 millones de euros. La división de Soluciones Agrícolas facturó 9.800 millones de euros ese mismo año e invirtió 919 millones en investigación y desarrollo, sosteniendo una de las carteras de I+D más sólidas del sector.
Clarín – Esteban Fuentes


