La institución tiene, además, un fuerte arraigo histórico en la región. “Nuestra escuela —nuestra casa, como la llamamos nosotros— tiene un peso histórico en la ciudad. Río Grande tiene 102 años, cumple 103 este año, y los salesianos se instalaron aquí hace 137 años”, recordó.
Los orígenes de la formación técnica se remontan a mediados del siglo pasado. Durante décadas la institución funcionó como un internado masculino. “En 1893 se instalan en la zona y recién en 1946 se establece formalmente la escuela agrotécnica acá. A partir de ese momento comienza a formar jóvenes de toda la Patagonia, porque antiguamente existía una residencia en la escuela. Después, los que eran de Río Grande a veces se quedaban los fines de semana y otros no, pero en general era una escuela con estudiantes residentes varones en la Misión Salesiana”, dijo.
El cambio comenzó a gestarse en la década del noventa, en paralelo con transformaciones sociales y educativas. “En la década del 90 se fue dando el cierre de la residencia de internos y comenzó un proceso de cambio. Los internos terminaron de irse en el año 1998 porque la realidad social empezó a exigir otras cosas, y la escuela fue tratando de adaptarse a esas demandas. Comenzó a cerrarse la residencia y, al mismo tiempo, la escuela se convirtió en una mixta institución”, explicó.
En el primer año, esas 25 mujeres, representaban un número mínimo dentro de la cantidad de estudiantes que había en ese momento. "Ellas fueron las que iniciaron el cambio. Al principio, obviamente, fue toda una revolución, porque era una escuela de varones y había otras dinámicas y otras modalidades que se venían dando. Con el ingreso de las chicas hubo que hacer cambios”, señaló.
Tal y como sucedió en otros ámbitos, con el paso de los años, la participación femenina fue creciendo de manera sostenida. Hoy, alrededor del 45% del alumnado son mujeres, lo que representa unas 180 estudiantes distribuidos entre primero y séptimo año. Solo en 2025 egresaron 44 estudiantes, de los cuales 24 fueron mujeres, todas con el título de Técnicas en Producción Agropecuaria.
Las alumnas participan en igualdad de condiciones en todos los sectores didáctico-productivos: ganadería bovina y ovina, producción porcina, invernadero, carpintería, electricidad, mecánica, faena y elaboración de alimentos, además de prácticas especiales como yerra, esquila e inseminación artificial. La formación que tienen actualmente combina contenidos teóricos con trabajo directo en los distintos sectores productivos.
“Tenemos una producción muy importante de cerdos, una de las más grandes de la provincia. Se faena cerdo y se comercializa al vacío, se elaboran chacinados y se vende la carne. También hay producción de quesos —de vaca y de oveja— y un sector de elaboración de alimentos donde se producen dulces, conservas y otros productos elaborados con materias primas de la escuela”, señaló.
Según Asencio, el trabajo se realiza sin distinciones entre varones y mujeres. “En invierno acá las temperaturas son bajo cero y el trabajo en el campo es muy duro. Pero tanto chicos como chicas realizan las actividades como corresponde. Las chicas se desenvuelven muy bien y para nosotros es un orgullo ver cómo trabajan y participan sin ningún tipo de prejuicio”, agregó.
El impacto de esta formación se refleja también en las trayectorias de las egresadas. El caso de Micaela, egresada en 2013, es uno de los ejemplos más representativos. Tras formarse en la escuela, continuó sus estudios hasta recibirse de ingeniera agrónoma y hoy proyecta un gran desarrollo profesional. “Lo que influyó en mí fue el colegio, literalmente me cambió la vida. Encontré el camino en el que quiero estar, que es trabajar en el campo”, expresó.
Varias exalumnas hoy se desempeñan en distintos ámbitos del sector agropecuario. “Muchas han seguido estudiando o trabajando en el sector. Algunas trabajan en áreas de producción del gobierno provincial o acompañando proyectos productivos en chacras a través de programas municipales. También hay exalumnas que estudiaron veterinaria o agronomía y otras que se fueron al exterior. Una estuvo trabajando en España en una producción porcina y otra está próxima a irse a Finlandia a trabajar en un tambo”, contó Asencio.
Incluso algunas regresaron a la institución como parte del equipo docente. “De esos primeros grupos tenemos algunas exalumnas que hoy son docentes en la escuela. Actualmente, tenemos algunas trabajando como instructoras", explicó.
En la provincia de Buenos Aires, la Escuela Agrotécnica Salesiana Carlos M. Casares de Del Valle, Buenos Aires, incorporó alumnas en 1998, en una institución que hasta entonces contaba con internado exclusivamente masculino. El ingreso implicó una reorganización de espacios, dinámicas y estructuras pensadas originalmente solo para varones. De un total de 263 estudiantes, 130 son mujeres, lo que representa el 49,4% de la matrícula. Las alumnas muestran una marcada preferencia por áreas como ganadería, tambo y guachera, y participan activamente en todos los entornos formativos sin distinción de género.
“Hoy podemos verlas compartir la práctica agropecuaria con los varones al mismo nivel, participando en todas las actividades productivas. Esa transformación del paradigma es motivo de enorme orgullo”, dijo Constanza Farías, secretaria de la Escuela Agrotécnica Salesiana Carlos M. Casares de Del Valle.
Las egresadas obtienen el título de Técnicas en Producción Agropecuaria con orientación en Agroalimentos. La mayoría continúa estudios o se inserta laboralmente en el sector rural, con una marcada tendencia hacia carreras como veterinaria y agronomía. Desde la institución destacan que la educación agropecuaria favorece una rápida inserción laboral gracias a los vínculos que la escuela mantiene con empresas y actores del entramado.
Un proceso similar, aunque más reciente, se vive en el Instituto Pascual Gentilini, en Misiones, donde la coeducación comenzó en 2019. Actualmente, las mujeres representan el 22% de la matrícula, con 42 alumnas. En pocos años ya se registraron cinco egresadas que hoy cursan medicina veterinaria en la Universidad Nacional del Nordeste, y una más que finalizó la cursada y se encuentra en instancia de proyecto final.
“Durante años se creyó que el ámbito agrario era exclusivo de los varones. Hoy vemos a nuestras alumnas desempeñarse con la misma solvencia técnica, asumir responsabilidades y continuar estudios superiores. Ese es el verdadero indicador de que el cambio es real”, narró Graciela Osipluk, directora del Instituto Agrotécnico Salesiano Pascual Gentilini en San José, Misiones.
La Nación – Belkis Martínez


