En este marco, explican que conocer variables como el contenido de nitrógeno, fósforo, azufre, materia orgánica o el nivel de acidez del suelo es clave para diseñar un esquema de fertilización eficiente y sustentable.
“El diagnóstico temprano permite ajustar las dosis de fertilizantes a la realidad de cada lote y evitar tanto la subfertilización como el uso innecesario de insumos, lo que se traduce en una mejora directa en la rentabilidad”, expresan en INTA.
Asimismo, advierten que, en campañas con márgenes ajustados, la precisión en las decisiones agronómicas cobra aún mayor relevancia, ya que cada inversión debe estar respaldada por información técnica confiable.
Medir el agua útil: una variable que define
Otro aspecto central que destacan los técnicos es la necesidad de determinar el nivel de agua útil almacenada en el perfil del suelo antes de la siembra. Este dato permite estimar con mayor precisión el potencial productivo y ajustar variables clave del manejo agronómico.
“La cantidad de agua disponible al inicio de la campaña es uno de los factores que más incide en el rendimiento final. Medir el perfil hídrico permite decidir si conviene sembrar en ese momento, esperar una recarga o incluso ajustar la estrategia productiva”, admitió Salvagiotti.
En regiones con alta variabilidad climática, esta información adquiere un valor estratégico, ya que ayuda a reducir la exposición al riesgo y a optimizar el uso de los recursos disponibles. Además, permite definir densidades de siembra más adecuadas y planificar la fertilización en función del potencial real del cultivo.
Fertilización planificada y doble cultivo
En materia de nutrición, los especialistas recomiendan abandonar los esquemas generalizados y avanzar hacia estrategias de fertilización basadas en diagnóstico y objetivos productivos.
En particular, destacan la importancia de asegurar un adecuado aporte de nitrógeno, fósforo y azufre, nutrientes que suelen ser determinantes para alcanzar altos niveles de rendimiento en los cultivos de invierno.
“La fertilización debe pensarse como una inversión estratégica y no como un gasto. Cuando se planifica en función del análisis de suelo y del potencial del ambiente, la respuesta productiva suele ser mayor y más estable”, sostuvo el especialista.
Finalmente, desde el organismo también ponen el foco en la planificación de esquemas de doble cultivo, una práctica que permite intensificar el uso de los recursos y mejorar la eficiencia global del sistema productivo.
“Planificar el doble cultivo desde ahora ayuda a aprovechar mejor el agua y la radiación disponible, aumentar la producción por hectárea y sostener la cobertura del suelo, lo que aporta beneficios tanto productivos como ambientales”, manifiestan en INTA.
Anticiparse con información y planificación técnica aparece como una de las decisiones más rentables de la campaña. Diagnosticar suelos, medir el agua disponible y definir una estrategia nutricional adecuada no solo mejora los rendimientos, sino que fortalece la sustentabilidad y la estabilidad productiva en un contexto cada vez más desafiante para la agricultura.
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