Sobre los valores, describió un mercado “firme, sostenido”, aunque con diferencias entre segmentos. “El campo ganadero está retrasado, pero como es una inversión a largo plazo necesita mayor tiempo de seguridad política”, explicó, y consideró que podría ganar un mayor interés si se consolida el actual rumbo económico. “A medida que el Gobierno consolide su reelección los índices van a ir aumentando en volumen de operaciones y en valores”, afirmó.
En cuanto al comportamiento de los inversores, remarcó: “Lo que el inversor no quiere es incertidumbre política. No quiere invertir hoy para volver al pasado”. Bajo ese escenario, anticipó que la actividad continuará, aunque con menor volumen.
En esa línea, Palma también apuntó a factores estructurales que limitan la expansión del negocio ganadero. Mencionó la carga impositiva sobre, por ejemplo, la venta de vientres como un obstáculo: “El que ya está produciendo tiene una limitante para expandirse, porque tiene que vender su producto. Penosamente, el fisco argentino grava con el 35% la venta de un vientre que tiene valor cero o de valor muy bajo. Si un productor que tiene hacienda y quiere aprovechar el buen valor de la hacienda para expandirse en tierra, se encuentra que va a perder el 35% de su capital, esa plusvalía de valor la pierde. Ahí tenemos una gran limitante. Nos encantaría que el Gobierno revea esta situación porque dinamizaría mucho el mercado: gente vendiendo hacienda para comprar tierra e inversores que no quieren tener activo fijo en tierra invirtiendo en ganadería como fideicomisos, arrendatarios, sería una muy buena combinación. Hoy algún productor venderá algo de hacienda para comprar algo más de campo", amplió.
En rigor, destacó que los inversores extra del negocio quieren un poco más de claridad política a largo plazo, porque temen meter un activo fijo en tierra, más ganadería, más toda la operatoria, a riesgo de que en dos años cierren la exportación de carne y regrese el cepo cambiario: “Eso es la cautela. Se va dando, de hecho, esas operaciones se hacen, los campos se van vendiendo, pero en mucho menor medida de lo que debería”.
En paralelo, la comparación con los países de la región marca diferencias en el flujo de inversiones. Ejemplificó que en Brasil se está construyendo la planta de celulosa más grande del mundo, con una inversión estimada en unos US$4500 millones; mientras que Uruguay avanza con su cuarta planta papelera, con desembolsos que superan los US$4000 millones. En el caso de Paraguay, mencionó proyectos por alrededor de US$2000 millones para el desarrollo de su industria forestal, en línea con iniciativas privadas que incluso han proyectado inversiones superiores a los US$3000 millones en el sector celulósico. Frente a ese escenario, remarcó que la Argentina recién comienza a mostrar señales con un proyecto de unos US$2000 millones para una planta de celulosa en Corrientes. Se trata de una inversión de Arpulp SA.
En el plano internacional, indicó que el conflicto en Medio Oriente impacta en costos productivos —como urea y petróleo— y reduce márgenes, aunque sin efecto directo en el valor de la tierra ni en los arrendamientos.
A esa lectura se sumó Mariano Maurette, responsable de Campos de Álzaga, Unzué y Cía., quien vinculó la baja del índice con el impacto de la coyuntura política reciente. “La caída del índice me surge atribuirla a todas estas problemáticas en las que se metió solito el Gobierno sin que nadie se lo pidiera. Están apareciendo cosas y evidentemente no le hacen bien”, sostuvo.
En esa línea, remarcó la sensibilidad del mercado frente a estos episodios. “El mercado es muy sensible a estas cosas [políticas]. Si bien no es un área electoral, si bien falta bastante, son todos elementos que no ayudan a una buena dinámica”, afirmó. Y agregó: “En principio no debería haber caído y cayó un poquito la actividad”, al advertir que el impacto de estos factores suele comprenderse con mayor claridad con el paso del tiempo.
La Nación – Belkis Martínez


