En este sentido, remarcó que “es fundamental tomar decisiones basadas en la pirámide de manejo del vector: monitorear trampas y cultivos sistemáticamente; elegir híbridos tolerantes, y realizar aplicaciones oportunas según la información relevada en campo. En las áreas de siembra temprana, si las heladas no acompañan, será preciso controlar los maíces voluntarios o ‘guachos’, que resultan un componente epidemiológico crítico al actuar como ‘puente verde’ para este vector”.
En la zona endémica del NOA, donde el 86% de las trampas se instaló sobre maíces que se encuentran predominantemente en estadios fenológicos reproductivos avanzados (R5–R6), se mantuvo estable la situación del relevamiento anterior: las chicharritas se detectaron en la totalidad de las localidades, y en el 82% con el nivel de capturas más alto (más de 100 adultos por trampa), registrándose una progresión de sintomatología foliar y, en algunos híbridos, a nivel de espiga.
En el NEA, la otra zona endémica, donde el 92% de las trampas se colocó sobre cultivos de maíz, la mayoría en estadios reproductivos avanzados (R4–R6), se evidenció una fase de incremento de Dalbulus maidis, ya que en el 71% de las localidades se capturaron más de 100 adultos por trampa. En concordancia, también se registró un avance de la sintomatología asociada al complejo de achaparramiento del maíz, y alteraciones a nivel de espiga en determinados híbridos.
En la región del Litoral, con un 63% de las trampas colocadas sobre maíces, el 88% registró capturas, y el 37% en el nivel más alto, principalmente en localidades de Entre Ríos, aunque el promedio de individuos detectados se redujo.
Por su parte, en el Centro-Norte, donde el 85% de las trampas estuvo en cultivos de maíz, siguieron registrándose incrementos poblacionales: el 96% de las localidades monitoreadas presentó detecciones, y el 58% en la categoría máxima. De la misma manera, el Centro-Sur, donde el 80% de las trampas estuvo en lotes con maíz, un 48% de las localidades no registró capturas de chicharritas, mientras que un 21% las detectó en la categoría más baja (1 a 4 adultos por trampa).
Clarín


