Dentro de este proceso, el riego por goteo subterráneo aplicado a cultivos extensivos como maíz, soja y trigo comienza a consolidarse como una alternativa altamente eficiente. Según información reciente de la Secretaría de Agricultura, esta tecnología ya explica cerca de dos de cada diez nuevos proyectos de riego en cultivos extensivos del país, con una tendencia creciente.
Y esto es porque entre sus diferenciales, está la posibilidad de regar el 100% del lote, independientemente de su forma o pendiente, y adaptarse a la heterogeneidad productiva con un manejo preciso del agua. Estos sistemas trabajan directamente en la zona radicular, logrando un riego de bajo caudal y alta frecuencia, lo que reduce pérdidas por evaporación, escurrimiento o deriva, y mejora la eficiencia en el uso del recurso hídrico. Además, permiten operar con caudales más bajos, lo que habilita su implementación en regiones donde otras tecnologías no resultan viables. Esta versatilidad ha permitido incorporar riego en áreas que históricamente eran consideradas no aptas.
Experiencias productivas en Córdoba, con datos validados por INTA, muestran incrementos significativos en los rendimientos: mejoras del 50% en maíz, 28% en soja y hasta 100% en trigo en planteos bajo riego respecto de secano.
Sin embargo, más allá del salto productivo, uno de los principales aportes es la estabilidad interanual, un factor clave en contextos de alta incertidumbre climática.
Otro aspecto relevante es la posibilidad de integrar la fertirrigación, es decir, la aplicación de nutrientes junto con el agua. Esto permite ajustar dosis y momentos de fertilización de acuerdo con la demanda nutricional del cultivo, reduciendo pérdidas y mejorando la eficiencia en el uso de insumos. El impacto no solo se observa en los rindes, sino también en la calidad del grano, un atributo cada vez más valorado.
La durabilidad de estos sistemas, con vidas útiles que superan los 20 años, refuerza su carácter estratégico. A su vez, la estructura modular permite implementar el riego por etapas, adaptando la inversión al flujo financiero del productor.
En paralelo, el riego subterráneo amplía el menú productivo. Cultivos de mayor valor, como legumbres o producciones destinadas a semilla y producciones forrajeras base alfalfa o maíz con destino ganadero o lácteo, encuentran en estos sistemas una condición de productividad y estabilidad que resulta imposible lograr en secano. En ese sentido, el riego no solo incrementa la productividad, sino que permite diversificar y agregar valor.
No hay que olvidar que, un contexto donde la competitividad del agro argentino también está condicionada por factores como los derechos de exportación, mejorar la eficiencia tranqueras adentro aparece como una de las principales herramientas disponibles. En ese marco, el RIMI funciona como un facilitador para acelerar decisiones de inversión que impactan directamente en la productividad, la estabilidad y la sustentabilidad de los sistemas agrícolas.
El autor es director de Netafim Argentina
La Nación


