Aunque el principal destino de la producción continúa siendo el mercado interno para alimentación animal, el negocio exportador gana protagonismo año tras año.
Los principales destinos
Los embarques argentinos de alfalfa tienen como principales compradores a Brasil y otros países limítrofes, favorecidos por la cercanía geográfica y menores costos logísticos.
Al mismo tiempo, el sector logró expandirse hacia mercados más exigentes, especialmente en Medio Oriente. Entre los destinos se destacan Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos, países con alta demanda de forrajes para producción animal.
Las proyecciones oficiales indican que, de mantenerse el actual ritmo de producción y ventas, Argentina podría cerrar 2026 con exportaciones superiores a las 190.000 toneladas y un ingreso de divisas por encima de los 75 millones de dólares FOB.
una apuesta estratégica
Además del crecimiento comercial, la alfalfa continúa consolidándose como un cultivo estratégico dentro de los sistemas agropecuarios argentinos. De acuerdo con registros del Instituto Nacional de Semillas (INASE), actualmente existen 476 variedades inscriptas en el Registro Nacional de Cultivares.
Conocida como “la reina de las forrajeras”, la alfalfa aporta beneficios agronómicos clave gracias a su sistema radicular profundo y a su capacidad de fijar nitrógeno atmosférico, mejorando la estructura y fertilidad de los suelos.
En ese contexto, el cultivo se posiciona no solo como una alternativa para diversificar las exportaciones agroindustriales, sino también como una herramienta central para impulsar una producción más eficiente de proteínas animales.
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