Jueves, 28 Mayo 2026 02:27

MAIZAR 2026.  Por qué los rindes promedio de maíz en Argentina están estancados en 7.000 kilos desde el 2011

Durante décadas, la Argentina fue un ejemplo de crecimiento sostenido en los rendimientos de maíz. Sin embargo, esa tendencia se frenó hace más de unos diez años. Desde 2011, el rendimiento promedio nacional permanece estancado en torno a los 7.000 kilos por hectárea, pese a los avances tecnológicos y al progreso genético de los híbridos.

La pregunta que sobrevoló el Congreso de Maizar 2026 fue inevitable: ¿por qué el maíz dejó de crecer y cuánto margen queda para seguir aumentando los rindes?

Para el investigador de INTA Balcarce, Fernando Aramburu Merlos, todavía existe un amplio espacio para mejorar. El especialista integra además la red internacional del Atlas Global de Rendimientos Potenciales y Brechas de Rendimiento, una iniciativa que releva información en más de 80 países y distintos cultivos a través de la plataforma Yield Gap Atlas.

“En casi todo el país el rendimiento promedio está entre el 40 y el 60% del potencial”, explicó Aramburu. Es decir, el productor argentino promedio todavía se encuentra lejos del denominado “rendimiento alcanzable”.

El investigador aclaró que el rendimiento potencial no representa una meta económica realista, porque supone cultivos sin limitaciones nutricionales, sin malezas, plagas ni enfermedades y con disponibilidad óptima de agua. “No sería rentable poner tantos nutrientes como para que no haya ninguna limitación”, señaló. Aun así, remarcó que alcanzar el 80% del potencial es considerado un muy buen resultado productivo.

Un problema que atraviesa regiones y campañas

El estancamiento no responde únicamente a un problema climático ni regional. Según Aramburu, el amesetamiento de los rindes se observa tanto en años Niño como Niña, y también en ambientes marginales y de alta productividad.

Para estudiar esas diferencias, el equipo del INTA utiliza modelos de simulación calibrados con ensayos de alto potencial realizados en distintas regiones del país. Allí intervienen variables como disponibilidad hídrica, temperatura, radiación y tipo de suelo. "Los modelos nos permiten capturar tanto la variabilidad interanual como la variabilidad entre ambientes y suelos”, explicó.

El trabajo permitió estimar rendimientos potenciales y brechas para todo el territorio argentino. Comparado con otros países, Argentina aparece en una situación intermedia: similar a la del resto de Sudamérica, Europa del Este y el sudeste asiático.

La nutrición, principal limitante

Entre todos los factores analizados, la nutrición emerge como la principal explicación de las brechas productivas. “Para maíz, el principal factor es generalmente nitrógeno y fósforo. Las dosis que ponemos son bajas”, sostuvo Aramburu.

El investigador advirtió además sobre una tendencia preocupante: la caída progresiva de fósforo disponible en los suelos agrícolas argentinos, producto de balances negativos acumulados durante años.

En los maíces tempranos, los estudios encontraron una fuerte correlación entre rendimiento, dosis de nitrógeno y densidad de siembra. En los maíces tardíos, en cambio, gana relevancia la fecha de siembra. “La tecnología que se aplica en maíz temprano y tardío es distinta; prácticamente son cultivos diferentes”, resumió.

También señaló que el maíz “premia el rendimiento” cuando se analiza la relación entre rindes, costos y margen bruto, lo que refuerza la importancia de ajustar estrategias de manejo.

Conocer el potencial de cada lote

Para Aramburu, una de las claves para reducir brechas es mejorar el diagnóstico ambiente por ambiente. “Hoy no tenemos por ahí el dato como para saber el potencial que tuvo cada productor en cada lote”, indicó.

Conocer el potencial específico de cada ambiente permitiría ajustar densidad, fertilización y nivel de inversión con mayor precisión, especialmente en un contexto de elevada variabilidad climática y económica.

En ese sentido, el investigador remarcó que el productor también toma decisiones condicionado por el riesgo y las relaciones de precios. “Cuánto querés arriesgar cada uno” influye directamente en la inversión en fertilizantes y tecnología, explicó.

Cambio climático y mayor variabilidad

Otro de los factores que aparece detrás del estancamiento global es el aumento de la variabilidad climática. Aramburu mencionó que en regiones de Europa ya se detectaron reducciones del potencial productivo y una mayor frecuencia de años malos asociadas al cambio climático. Para Argentina todavía no hay conclusiones definitivas, aunque reconoció que la sucesión de campañas adversas puede afectar fuertemente las estadísticas de crecimiento. “Una seguidilla de años malos o de años buenos puede torcer la balanza”, explicó.

La genética sigue avanzando

Aunque algunos sectores plantean la posibilidad de un “techo” genético en maíz, Aramburu descartó por ahora esa hipótesis. “No hemos visto un techo”, afirmó. Según explicó, tanto en Argentina como en otros países continúan observándose ganancias genéticas en los híbridos comerciales, acompañando el aumento de los rendimientos potenciales.

Por eso, para el especialista, el problema no parece estar en la genética sino en la capacidad de capturar ese potencial a campo mediante mejores decisiones de manejo.

La conclusión que dejó el Congreso de Maizar es clara: el maíz argentino todavía tiene margen para crecer. Pero para volver a romper el estancamiento será necesario afinar la nutrición, ajustar densidades y fechas de siembra, conocer mejor el potencial de cada ambiente y manejar con mayor precisión el riesgo climático y económico.

Clarín – Lucas Villamil