“Esa carne a algún destino va a ir y la Argentina, Uruguay Chile y Perú son mercados sencillos para redirigir producto por un tiempo”, plantea Jairala. No descarta que, en paralelo, las exportaciones argentinas puedan incrementarse, pero apunta que “depende mucho de la resistencia del consumo. Muchas empresas están haciendo engorde con hacienda propia”.
Según el informe mensual de ABC, en los primeros cinco meses de este año, la Argentina exportó 271.379 toneladas de carne bovina refrigerada y congelada, 8% más en la comparación interanual. El aumento de los precios internacionales implicó que el ingreso de dólares, en el mismo período, creciera 44,7% (fueron US$1833,7 millones).
La importación de 50.000 toneladas de carnes [entre las distintas alternativas] entre enero y mayo no debe generar preocupación, según el economista del Ieral de la Fundación Mediterránea, Juan Manuel Garzón. “Es lo normal en cualquier país productor integrado comercialmente con el mundo. Los grandes exportadores mundiales de carnes son también importadores. Estados Unidos, por caso, es un gran importador. La Argentina le exporta carne bovina a Brasil, que también es un importante vendedor al mundo. Hay muchos otros ejemplos -dice-. En estos cinco meses la Argentina produjo unas 2,4 millones de toneladas de carnes aproximadamente, con lo que las importaciones fueron equivalentes al 2% de la producción local, un porcentaje muy reducido”.
Subraya que este comercio de “doble vía” -de exportación y también de importación- puede explicarse por factores varios, entre los que menciona las diferencias de calidades (engordado “a corral”, a “pasto”); diferencias de destinos productivos (consumo directo, procesamiento industrial); distinciones en las preferencias de los consumidores (de ciertos cortes respecto de otros); estrategias de negocios (se exporta carne de alta calidad, se importa carne de menor calidad) y cuestiones de cercanía (regiones de frontera, diferencias de costos logísticos).
En el primer cuatrimestre, según números oficiales, el país exportó 5137 toneladas de carne porcina y derivados, lo que implica una mejora de 78% en volumen y de 161% en valor (el acumulado a mayo de divisas alcanzó los US$7,9 millones). Desde la Federación Porcina, Jorge Amado señala que no preocupa el incremento de la importación en sí, “pero sí la competencia desleal. La mayoría de las importaciones de cerdo vienen de Brasil donde usan ractopamina que es un promotor de crecimiento que está prohibido en nuestro país y en muchos otros importadores de carne porcina. No queremos que se use en la Argentina, queremos seguir siendo un país que no la utilice para seguir logrando más acceso a mercados”.
Añade que, de todas formas, el precio del cerdo argentino, su calidad y su competitividad sigue siendo “claras señales que marcan un crecimiento sostenido de la demanda. Pero sería muy importante que se firme el protocolo con China para abrir el mercado a los subproductos y menudencias. Está a la espera hace bastante”.
La Nación – Gabriela Origlia


