“El problema no lo vamos a ver necesariamente durante la primavera o el verano. El mayor impacto probablemente aparezca en marzo y abril del próximo año. Si las pasturas permanecen anegadas, las raíces sufren por falta de oxígeno, se pierde la planta y desaparece una parte importante de la oferta forrajera del sistema”, advirtió Cavallero.
La pérdida de estas pasturas no solo compromete la alimentación del rodeo, sino que también representa un importante costo económico debido a la necesidad de reimplantarlas.
Anticiparse para reducir riesgos
Para reducir los efectos del exceso de agua, Cavallero recomendó revisar la infraestructura del establecimiento antes de que lleguen las lluvias más intensas. Entre las principales medidas se encuentran el abovedado de los callejones, el mantenimiento de cunetas, la sistematización del drenaje interno del campo y la revisión de corrales y patios de alimentación.
“Nuestros campos tienen pendientes muy bajas, por eso es fundamental ordenar el flujo del agua dentro del establecimiento. Los callejones pueden cumplir una doble función: permitir el tránsito de los animales y conducir el agua hacia los sectores de desagüe”, explicó Cavallero.
Asimismo, destacó la importancia de ubicar las bolsas de silo y los sectores de alimentación en lugares altos y de fácil acceso. “Conviene pensar estratégicamente dónde estarán las reservas durante el otoño, cuando las condiciones para ingresar con maquinaria pueden ser mucho más complicadas.”
Otra recomendación que brindan los especialistas del INTA es incrementar el volumen de reservas disponible para afrontar posibles pérdidas de pasturas.
“Todos trabajamos con un margen de seguridad, pero este año sería conveniente aumentarlo. Si normalmente planificamos una determinada superficie para silaje, probablemente sea momento de producir un poco más pensando en un eventual déficit forrajero”, señaló el investigador.
Cavallero recordó que durante los eventos Niño de 2015 y 2016 numerosos establecimientos debieron comprar alimentos de menor calidad y a costos elevados debido a la escasez de forraje.
“La reserva que hoy parece un costo adicional puede transformarse en la herramienta que permita sostener la producción cuando la oferta de pasto disminuya”, sentenció.
Asimismo, el profesional del INTA Rafaela también recomendó evaluar con anticipación la carga animal de cada establecimiento para disminuir la presión sobre el sistema, en caso de que las condiciones climáticas se compliquen.
“Trabajar con dos vacas por hectárea no es lo mismo que hacerlo con una carga menor cuando aparecen excesos hídricos. Si fuera necesario, habrá que analizar qué categorías conviene mantener y cuáles descartar para preservar el funcionamiento del sistema”, destacó Cavallero.
Por último, además de las acciones dentro de cada establecimiento, subrayó la necesidad de mantener en condiciones la infraestructura rural. “Es importante que caminos, alcantarillas, cunetas y canales funcionen correctamente para que el agua pueda evacuarse. Cuando ese sistema falla, el exceso hídrico permanece más tiempo dentro de los campos y aumentan los daños”, expresó.
La Capital


