Esa relación favorable con los granos funciona como un amortiguador, aunque no alcanza para compensar la evolución de otros costos. “Los granos vienen con retraso, ahí se da una buena relación. Los que tienen inflación pura, algún insumo, algún servicio, salarios, impuestos, tarifas, energía eléctrica, combustible, ajustan por arriba de los valores que se perciben y eso da una relación negativa”, detalló.
El problema tampoco termina en los tambos. La industria láctea trabaja con márgenes muy ajustados, afectada por un mercado interno debilitado y por las dificultades para exportar con rentabilidad. Giraudo señaló que en los últimos años hubo una fuerte transformación de la estructura industrial: “Seis empresas se vendieron, seis están en concurso o cerradas, algunas fusiones y demás”.
Actualmente, según el especialista, el mercado interno consume en cantidad, pero con un mix de productos de bajo valor agregado. “Es un mercado interno que consume en cantidad, pero no en calidad, es decir, con un mix de precio bajo, porque el mix de productos que se vende no es el adecuado de valor agregado”, sostuvo.
La exportación tampoco alcanza para resolver el problema. Alrededor del 30% de la producción se destina al exterior, pero más por necesidad de colocar excedentes que por la existencia de un gran negocio. Los precios internacionales no son malos, pero los costos argentinos reducen fuertemente los márgenes.
“Tenemos mucho costo argentino, que hace que sea muy caro hacer una tonelada de leche en polvo o un kilo de mozzarella y nos queda poco margen”, indicó Giraudo.
Así, toda la cadena enfrenta dificultades. El productor recibe un precio que quedó muy por debajo de la inflación, la industria tiene márgenes estrechos y el consumidor interno perdió poder adquisitivo. Por ahora, la buena relación entre leche y granos aparece como uno de los pocos factores que permite amortiguar el golpe sobre los tambos.
Bichos de Campo – Nicolás Razzeti


