Además, producen, por contrato, semillas de girasol para una importante multinacional y de alfalfa para una compañía argentina. Asimismo, en el establecimiento se produce cebolla por aparcería. Todo se realiza bajo riego por manto.
Avellano, una apuesta que promete
En 2019, con el fin de diversificar la producción y maximizar la rentabilidad por hectárea, en la empresa decidieron apostar a la avellana en unas pocas hectáreas. Es que en el Valle Inferior de Río Negro se concentra el 90 por ciento de las 700 hectáreas que se plantan en la provincia, las que representan el 95 por ciento de lo que se cultiva en el país, según informó a Clarín Rural el secretario de Fruticultura provincial, Facundo Fernández. Esto se debe a que la región cuenta con disponibilidad de agua para riego, un clima y suelos acordes a las necesidades de la especie. Ya en 2022, la empresa comenzó el proyecto de la plantación de avellanos a mayor escala.
Actualmente el establecimiento tiene 61 hectáreas implantadas con avellanos y este año comenzarán a instalar el sistema de riego por goteo para una parte de la plantación. "El riego por goteo te permite ser más eficiente en el uso del agua, mejorar la nutrición de la planta y del suelo, y lograr rendimientos más estables entre años", explica Daniel.
Las plantas se las provee un vivero local que pertenece a la firma Ferrero Rocher, el mayor productor y principal comprador de avellana de la región. Las variedades más utilizadas son Giffoni y Barcelona; también Noccione, Romana y Mortarella.
La mayoría de los productores de la zona, plantan en un marco de 5 x 4, metros. Sin embargo, Daniel va por más, con un diseño de 5 x 3 o 5 x 2,5 metros. Antes, "se prepara el suelo, hacemos labores de subsolado y de cincelado, buscando descompactar a la mayor profundidad posible el suelo, luego se rastrea, se arma un camisón sobre el cual se coloca la planta", detalla el gerente.
"Como las plantas que compramos vienen desde el vivero a raíz desnuda, el mejor momento para implantarlas es en invierno", señala Daniel. En la zona de alcance del IDEVI, el agua para riego está disponible desde agosto hasta abril, por eso, "la plantación se realiza en julio con un riego de asiento y luego en agosto se arranca a regar por manto", agrega.
La tierra se fertiliza con nitrógeno y fósforo. También, llevan adelante un plan integral de fertilización foliar que, a través de análisis de laboratorio de las hojas en determinados momentos del ciclo, busca ajustar los micronutrientes, los principales son hierro, boro y zinc. Además, utilizan promotores del cuajado.
"Esperamos que las plantas empiecen a producir a partir del año cuatro, pero los mayores rindes se obtendrían en el año seis o siete", indica Daniel. Todavía no tuvieron una cosecha comercial, recién se concretará en la próxima recolección, en marzo. En su modelo de alta densidad y manejo intensivo, el ingeniero apunta a rendimientos de 3000 kilos o más, de manera constante en el tiempo. "Ya hay productores en la zona y también en Chile que han obtenido 4000 kilos, pero con mucha variabilidad en los distintos años", aclara.
En la zona, no hay plagas o enfermedades que perjudiquen seriamente a las plantaciones, no obstante, se hacen controles para pulgones, arañuelas y cochinillas.
En diciembre y enero, por la alta radiación solar, recurren a pulverizaciones con protectores solares que ayudan a reducir el estrés térmico, con el objetivo de mantener la estabilidad de la producción.
En el valle, las heladas tardías pueden causar importantes perjuicios a la producción. Por eso, también utilizan el riego, previo a la ocurrencia de heladas, para que el descongelamiento sea más lento, evitando así que se dañen las plantas.
La cosecha de los avellanos se realiza a partir de fines de febrero, mayormente en marzo, siendo manual al comienzo, cuando la producción no es muy alta, y mecanizada en los años posteriores.
El principal comprador es la empresa Ferrero Rocher y, en menor medida, algunos productores que compran para vender a chocolaterías. "La principal limitante es la escala, porque lo que ellos necesitan son entregas mensuales de cierta cantidad y, por lo general, no se llega a cumplir con esos volúmenes", indica el ingeniero.
Argentina consume más avellanas de lo que produce. Gran parte de lo cosechado en el país va al mercado interno y algo se vende al exterior. "Principalmente exporta Ferrero, que todo lo que produce y todo lo que compra, lo envía sus plantas de Chile", señala Daniel.
Entre los desafíos para la expansión del cultivo de avellanos y la obtención de mayores rindes, según el ingeniero, se encuentra aprender a hacer un mejor manejo que permita tener producciones estables en el tiempo. Otra de las limitantes en la zona es la la falta de la figura del contratista proveedor de servicios, lo que obliga a cada productor a tener todas las herramientas y máquinas necesarias para hacer las labores, lo que representa un importante costo fijo para las empresas agropecuarias.
Clarín – Kitty Vaquero


