En la zona de La Criolla, los mayores problemas por anegamiento surgieron a partir del 17 de julio, cuando tuvo lugar una fuerte tormenta. "Nos dejó sin luz eléctrica en el campo, las dos cooperativas de Vera y Pintado y de La Criolla estuvieron 15 días sin energía por el desastre, hubo más de 1000 postes dañados. Desde ese día a hoy llovieron 230 milímetros y hubo solo dos días de sol, algo rarísimo", repasa Javier Andreu, productor de esa localidad. Allí, normalmente, en ese período llueve apenas entre 10 y 30 milímetros como máximo. Con tantos días nublados, lluviosos y húmedos "todas las explotaciones están detonadas, los tambos están hechos un desastre, creo que de los 6 que hay en la zona, el 80% va a cerrar", sostiene.
"Estamos sufriendo consecuencias que son gravísimas. No sé si el resto de la sociedad sabe cómo se produce, de qué forma, bajo qué parámetros, que cuando no te ayuda el tiempo, las sequías o las inundaciones o los temporales nos pegan muchísimo", señala Andreu.
Sus vecinos, han perdido lotes enteros de trigo en desarrollo, los potreros se convirtieron en un lodazal y los caminos rurales son imposibles de transitar.
Mario Feunillade se dedica a la producción pecuaria en un pequeño establecimiento de 70 hectáreas en Cañada Ombú. Con sus lotes inundados, se vio obligado a trasladar a los animales a otro campo y pagar pastaje. Quienes tenían disponibilidad de tierras pedían entre 8 y 15 mil pesos por animal por mes, pero ya no quedan lotes libres.
"Los caminos están detonados, tienen agua desde diciembre o enero. Mi cuñado, que vive en mi campo, tiene que hacer 20 kilómetros a caballo para poder salir y ahí recién se puede subir a una vieja camioneta de 1981 que deja estacionada para poder seguir", cuenta el productor.
A Feunillade se le murieron varios terneros y vacas después de las pariciones en verano y teme que con la llegada de El Niño, las pérdidas sean aún mayores. Sus vecinos, por caso, ya perdieron 500 cabezas de un rodeo de 1500 vacunos, señala.
"Necesitamos que limpien los canales ahora, antes de que lleguen las lluvias más abundantes y sea imposible entrar con las máquinas. Estamos a contrarreloj, si no hacen algo nos vamos a fundir todos y si no, será que se salve el que pueda. Pero acá somos pocos habitantes, entonces a los políticos no les importa, porque en una o dos manzanas de las ciudades grandes juntan los mismos votos que en todo el norte de Santa Fe, por eso no les interesa invertir acá", reclama.
Clarín – Mariela Vaquero


