Al llevar el análisis al territorio argentino, indicó que los escenarios climáticos mostraban mayores probabilidades de lluvias por encima de los valores normales en distintas regiones, con especial atención sobre el nordeste. También advirtió que el impacto no será homogéneo. “No todos los Niños son iguales” y la señal del fenómeno tampoco tiene el mismo efecto en todo el país, remarcó, por lo que puede existir una importante variabilidad entre regiones.
Por esa razón, una de las recomendaciones centrales de Gattinoni fue “evitar tomar el pronóstico estacional como una definición cerrada de lo que ocurrirá durante toda la campaña”. Otros fenómenos atmosféricos pueden intensificar o debilitar las señales de El Niño y, a diferencia de este fenómeno, deben seguirse en escalas mucho más cortas, de aproximadamente 15 días a un mes. “El Niño nos marca el escenario”, explicó, mientras que esos pronósticos permiten ir ajustando las estrategias sobre la marcha.
En ese esquema, el punto de partida será la cantidad de agua que ya existe en los suelos. Gattinoni sostuvo que no alcanza con observar únicamente la humedad superficial: también deben considerarse los cuerpos de agua y el nivel de las napas. Al momento de su exposición, señaló que las precipitaciones registradas durante agosto habían dejado sectores de Entre Ríos, Santa Fe, Corrientes, Chaco y Formosa con buenas disponibilidades hídricas y, en algunos casos, situaciones de anegamiento e inundación. “El agua en el suelo va a ser clave”, insistió.
En algunas regiones, los perfiles con buena disponibilidad hídrica podrían reducir el riesgo de una sequía repentina, pero esa misma situación obliga a prestar atención a la posibilidad de anegamientos e inundaciones. Por eso recomendó realizar “un seguimiento del agua acumulada y medir las napas”, una variable a la que, según indicó, en años anteriores podía habérsele prestado menor atención.
A esa información sumó otra recomendación: “Conocer el relieve, el paisaje y el ambiente de cada lote, en lugar de generalizar una estrategia para toda una región o establecimiento”. Para la experta, la intensidad del impacto de El Niño deberá evaluarse en función de esas características particulares.
Gattinoni también anticipó que un escenario influido por El Niño puede favorecer períodos de abundantes precipitaciones, pero también intervalos con escasos acumulados. Frente a esa alternancia, aconsejó aprovechar las “ventanas de oportunidad” para realizar las labores y ajustar las decisiones con información meteorológica actualizada. “La planificación y el actuar a tiempo son fundamentales”, sostuvo. Lo mismo que para la ganadería para generar una planificación del movimiento de la hacienda.
La especialista resumió el desafío como una combinación de oportunidad y riesgo, sobre el este del país, donde el escenario obliga a aprovechar la disponibilidad de agua en los suelos pero, al mismo tiempo, a gestionar la posibilidad de excesos. Para eso planteó combinar el seguimiento de El Niño con los pronósticos trimestrales y de corto plazo. La clave, concluyó, será utilizar la información disponible para reducir el riesgo y ajustar las decisiones a medida que avance la campaña.
La Nación – Belkis Martínez


