Pero acceder a ese mercado supone cumplir con una estructura de reglas que incluye acceso a mercados, reglas de origen, medidas sanitarias y fitosanitarias, obstáculos técnicos al comercio, defensa comercial, indicaciones geográficas, aduanas y desarrollo sustentable, entre otras disciplinas.
En otras palabras, para una empresa cordobesa no alcanzará con tener un producto competitivo. También deberá contar con la información necesaria para demostrar que cumple con las condiciones exigidas.
La trazabilidad pasa al centro de la escena
Laura Passerini, presidenta de la Bolsa de Cereales de Córdoba, puso el foco precisamente en este punto.
“El mercado europeo no solo demanda volumen, sino sustentabilidad y trazabilidad”, señaló durante la jornada, al remarcar que Córdoba tiene capacidad productiva y técnica para responder a esas exigencias si logra trabajar con escala y competitividad.
La trazabilidad deja así de ser solamente una herramienta de control interno para convertirse en una condición comercial. Para las empresas significa ordenar información, registrar procesos y poder reconstruir el recorrido de una mercadería desde su origen hasta el embarque.
También implica trabajar sobre la relación con proveedores. Una industria que compra materia prima a distintos productores necesita contar con mecanismos que permitan identificar el origen de esa producción y acreditar que cumple con los requisitos establecidos.
El origen también se deberá demostrar
El acuerdo establece dos mecanismos para probar el origen de las mercaderías: la declaración de origen, emitida por el exportador, y, durante un período transitorio, el certificado de origen emitido por entidades habilitadas.
La declaración de origen se genera a través del sistema de Trámites a Distancia (TAD) y tiene una validez de 12 meses. En el caso del certificado, existe un período transitorio inicial de tres años, prorrogable por otros dos, después del cual la declaración de origen será el único mecanismo válido.
Esto obliga a las empresas a prepararse desde ahora. No solamente para cumplir con un trámite de exportación, sino para construir sistemas internos capaces de respaldar la información que se declara.
Maní: una actividad con experiencia europea
Entre los sectores mencionados durante la jornada apareció particularmente el maní, una de las actividades agroindustriales con fuerte inserción internacional y con experiencia concreta en el mercado europeo.
Nicolás Maglione, director de Maglione Hnos. y Cía. SA, compartió la experiencia de la empresa como exportadora hacia la UE y destacó el peso del maní argentino en ese destino. También describió los desafíos cotidianos de competir en mercados con elevados estándares de exigencia.
Para Córdoba, esa experiencia constituye un punto de partida. La oportunidad no consiste solamente en vender más toneladas, sino en avanzar hacia productos con mayor valor agregado y sistemas capaces de acreditar calidad, origen y sustentabilidad.
Qué pueden hacer las empresas
Durante la jornada, Marcelo Bechara, presidente de Cacec, resumió el desafío: “El acuerdo define un marco, un punto de partida, pero son las empresas las que convierten ese marco en resultados tangibles”.
En ese proceso, las empresas agroalimentarias cordobesas pueden avanzar en varios frentes: ordenar sus registros de producción, fortalecer la trazabilidad de proveedores, digitalizar información, revisar procesos sanitarios y ambientales, identificar requisitos específicos de cada mercado y capacitar a sus equipos de comercio exterior.
También resulta clave conocer las reglas de origen antes de cerrar una operación. Un error en la descripción o clasificación de la mercadería puede afectar el acceso al trato preferencial, mientras que la documentación incorrecta puede generar el rechazo de la prueba de origen.
Ana Basco, directora de Insight LAC, planteó que las crecientes exigencias de calidad del mercado europeo constituyen uno de los principales desafíos para la agroindustria. María Victoria Pavicich, directora nacional de Política Comercial Externa, explicó la estructura del acuerdo y las herramientas públicas disponibles para facilitar la inserción.
A futuro, Europa puede comprar más alimentos, pero las empresas deberán estar en condiciones de demostrar cómo fueron producidos.
La competitividad ya no se jugará solamente en el precio: también en la capacidad de documentar el origen, garantizar la trazabilidad y convertir esos atributos en una ventaja comercial.
La Voz del Interior – Alejandro Rollán