Una de las herramientas centrales para conseguirlo es el destete precoz. En el esquema de Werthein, los terneros se separan de sus madres a los 60 o 70 días, permitiendo que las vacas dejen de destinar buena parte de los nutrientes consumidos a producir leche y puedan concentrarse en recuperar estado y volver a ciclar.
“Es una herramienta de alto impacto reproductivo”, sostuvo Sedelli. Según explicó, aun en años en los que el campo presenta buenas condiciones, mantener demasiado tiempo el ternero al pie puede terminar afectando la preñez, especialmente en las vaquillonas. Por eso, el establecimiento trabaja incluso con servicios a los 15 meses, apoyados en una buena recría y el destete precoz.
El manejo del ternero también es parte de la ecuación. Antes y durante el destete se refuerzan los tratamientos sanitarios y se cuidan las condiciones de confort, con sombra, agua de calidad, piso seco y espacio suficiente, además de la suplementación indicada por los nutricionistas. “Eso nos da resultados muy buenos, tenemos mínimas pérdidas y el ternero se encamina muy rápidamente”, contó.
Pero la fertilidad no se construye solamente con manejo. La genética es otro de los pilares. La mayoría de los terneros son producto de inseminación artificial a tiempo fijo, lo que permite acelerar el progreso genético mediante el uso de toros superiores. Los vientres reciben distintos servicios según sus características, buscando corregir tamaño, estructura, calidad de cabeza u otros atributos.
“Uno va buscando y seleccionando la genética que le va a dar servicio a ese vientre a partir de lo que es el vientre, porque si hay una cosa que no puedo cambiar es a la madre”, explicó Sedelli. La empresa utiliza toros propios y también incorpora semen y embriones de otras cabañas, porque entiende que el mejoramiento genético es un proceso permanente.
El tercer pilar es la oferta forrajera. En San Luis, el sistema se apoya principalmente en campo natural, pasto llorón y digitaria, con algunas superficies de alfalfa. En un ambiente donde una sequía puede reducir drásticamente la producción, la estrategia es no trabajar al límite de la capacidad teórica del campo. “Si puedo pensar que puedo tener una vaca cada dos hectáreas, quién sabe, es más conveniente pensar que voy a tener una vaca cada tres hectáreas y estar más tranquilo ante la hipótesis de un año malo”, explicó.
El resultado buscado es claro: “producir vientres que se sigan preñando”. Sedelli aseguró que reciben reportes “muy positivos” de empresas que compraron vaquillonas y luego informaron altas tasas de preñez. En el propio sistema, la segunda preñez, considerada una de las categorías más difíciles, supera el 90%.
“Quien compra un vientre se está llevando una máquina de hacer terneros”, definió el responsable ganadero. Y esa máquina, en el caso de Werthein, se construye combinando ambiente, manejo, alimentación y una selección genética orientada desde el primer día a la fertilidad.
Bichos de Campo – Nicolás Razzetti