La brecha de agosto, de 61,9%, fue la séptima más elevada desde febrero de 2015 y se ubicó aproximadamente en el percentil 95 de la serie. El máximo se había registrado en enero de 2022, cuando la diferencia llegó a 91,2%.
Además, el fenómeno no fue puntual. Desde mayo, el diferencial se mantuvo por encima del 50%, durante cuatro meses consecutivos.
Una producción brasileña que necesita mercados
Detrás de la caída del precio brasileño aparece una oferta que continúa creciendo. Según el balance del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (Usda), la producción de carne porcina de Brasil pasó de 4,13 millones de toneladas en 2020 a 4,75 millones en 2025. Para este año se proyectan 4,90 millones de toneladas.
La producción crecería 3,2% en 2026, después de haber aumentado 5,6% en 2025. Al mismo tiempo, las exportaciones adquirirían un peso creciente: el Usda proyecta 1,83 millones de toneladas para este año, 6,8% más que en 2025.
Los datos de producción de los primeros seis meses también muestran la expansión. Las carcasas porcinas obtenidas en establecimientos bajo inspección sanitaria alcanzaron 2,93 millones de toneladas entre enero y junio, 6,4% más que en igual período del año pasado.
Brasil necesita, por lo tanto, colocar una oferta creciente. En los 12 meses terminados en agosto exportó cerca de 1,38 millones de toneladas de carne porcina, 8,4% más que un año atrás y el mayor volumen histórico.
Argentina absorbe parte de ese excedente
En ese proceso de búsqueda de mercados, Argentina ganó importancia. Entre enero y agosto, Brasil envió 41.400 toneladas de carne porcina a este país, 20% más que en igual período de 2025 y más de siete veces el volumen registrado en 2024.
Se trata del mayor registro para los primeros ocho meses del año desde, al menos, 2010. Pero no sólo aumentaron las cantidades: también cayó el valor de las operaciones.
El precio implícito promedio de las exportaciones brasileñas hacia Argentina pasó de unos US$ 2.845 por tonelada en enero-agosto de 2025 a US$ 2.562 en igual período de este año, una disminución cercana al 10%. En agosto, el valor promedio bajó a unos US$ 2.412 por tonelada.
La combinación es significativa para la industria argentina: llegan más toneladas y a un precio menor.
La importación todavía no desplaza a la producción local
El crecimiento de las compras externas debe ser puesto en contexto, según precisa el informe. Las importaciones representan alrededor de 6,2% del consumo aparente de carne porcina argentino en los últimos 12 meses.
Es un porcentaje relevante, pero no inédito. Entre 2018 y 2019 había superado 7% y durante 2022 volvió a acercarse a esos niveles.
La producción nacional, mientras tanto, también crece. En los 12 meses terminados en agosto alcanzó aproximadamente 877 mil toneladas, 11,5% más que un año atrás y el mayor nivel de la serie analizada. Más de 90% del abastecimiento interno continúa cubierto por producción argentina.
Por eso, el efecto de las importaciones no parece estar pasando todavía por un reemplazo masivo de carne argentina. El mecanismo es más indirecto, pero puede ser igualmente relevante: el producto brasileño establece un precio de referencia que limita cuánto pueden separarse los valores locales de los internacionales.
El desafío para las granjas argentinas
Para los productores argentinos, la competencia brasileña agrega presión sobre los márgenes en un momento en que la producción local también está creciendo.
El desafío pasa por mejorar la productividad por madre, la conversión alimenticia, la sanidad, la genética, el uso de las instalaciones y la escala. Pero el análisis de Ieral plantea que la competitividad no se resuelve únicamente dentro de la granja.
También pesan los impuestos, la regulación, la infraestructura, la logística, la energía y el financiamiento. Las condiciones sanitarias son otro punto de comparación, especialmente por las diferencias regulatorias vinculadas con la utilización de ractopamina y los límites de residuos aplicables a la carne importada.
Una brecha que podría corregirse
La actual ventaja de Brasil tiene, sin embargo, un límite económico. En agosto, el precio de US$ 0,89 por kilo vivo se ubicó por debajo del costo estimado por Embrapa para una granja independiente de ciclo completo en Santa Catarina, calculado en unos US$ 1,23 por kilo.
El margen negativo ronda los US$ 0,34 por kilo, equivalente a 28% del costo. La alimentación representa más de 70% de ese costo.
Esto indica que el precio brasileño difícilmente pueda permanecer indefinidamente en estos niveles. Pero el ajuste puede demorarse: los ciclos biológicos, los costos hundidos, los sistemas integrados y las diferencias de productividad entre establecimientos permiten sostener durante meses una oferta elevada aun con márgenes deteriorados.
La Voz del Interior