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Martes, 06 Octubre 2026 02:27

El Niño ya está instalado y pone al agua en el centro de la campaña gruesa: cómo manejar los lotes y la logística

La campaña gruesa 2026/2027 comienza con El Niño ya instalado en el Pacífico ecuatorial y todo indica que tendrá una influencia importante con sus precipitaciones mayores a lo habitual.

A medida que se acerca el momento decisivo para la siembra de soja y maíz, los pronósticos muestran una combinación que puede ofrecer una gran oportunidad productiva, pero también obligar a los productores a afinar el manejo de los lotes y la logística.

El último informe del Servicio Meteorológico Nacional (SMN) confirmó que las condiciones del ENOS (El Niño-Oscilación del Sur), corresponden a una fase cálida y señaló que, para el trimestre septiembre-octubre-noviembre, existe una probabilidad del 100% de permanencia de esta fase, con una intensidad prevista entre fuerte y muy fuerte.

A nivel internacional, la señal también es contundente. La Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica (NOAA, por sus siglas en inglés) informó en septiembre que El Niño continúa fortaleciéndose y estimó una probabilidad superior al 90% de que alcance una intensidad muy fuerte durante el otoño e invierno del hemisferio norte 2026/2027.

Pero en la Argentina empieza a aparecer una diferencia relevante entre la magnitud del calentamiento del Pacífico y su traducción efectiva sobre el territorio.

La Bolsa de Comercio de Rosario (BCR) advirtió recientemente que la intensidad prevista del fenómeno podría pasar de muy fuerte a fuerte. La modificación reduciría el riesgo de un escenario de excesos hídricos generalizados, pero también genera un interrogante: después de un invierno y un comienzo de primavera secos en buena parte de la región pampeana, ¿llegará el agua suficiente y en el momento adecuado?

En la región núcleo, alrededor del 70% del área se encontraba hacia fines de septiembre entre condiciones de escasez hídrica y sequía. Las últimas lluvias mejoraron la situación y permitieron recuperar parte de los lotes, pero la distribución siguió siendo muy irregular.

De hecho, septiembre terminó con un promedio de apenas 31,5 milímetros en las 36 estaciones de la red GEA (Guía Estratégica para el Agro) de la BCR, aunque las lluvias de los últimos días del mes permitieron reducir considerablemente la superficie de trigo en condiciones regulares y retomar algunas siembras de maíz.

Es decir, el Niño está presente en el Pacífico, pero su impacto sobre la Argentina no se tradujo todavía en una lluvia generalizada y persistente.

La gruesa arranca con riesgo de excesos

Unas semanas atrás, un modelo desarrollado por la BCR a partir de datos de 50 años y de las estaciones meteorológicas de su red proyectaba para la región núcleo precipitaciones significativamente superiores a las normales durante el trimestre octubre-diciembre. El cálculo estimaba un 30% más de lluvia en octubre, 70% más en noviembre y hasta 90% más en diciembre, bajo un escenario de Niño fuerte a muy fuerte. La advertencia es particularmente relevante porque durante noviembre y diciembre se realiza la implantación de la gruesa y la cosecha del trigo.

Para el maíz, disponer de humedad suficiente es una ventaja decisiva. Pero demasiada agua en un período muy breve puede convertirse en un problema. Los lotes con baja capacidad de drenaje pueden perder piso precisamente cuando se necesita ingresar con las sembradoras.

En soja, cuya implantación se concentra principalmente desde mediados de octubre, el escenario hídrico es inicialmente favorable. El riesgo aparece cuando las lluvias dejan de ser una recarga útil del perfil y pasan a convertirse en excesos superficiales, anegamientos o períodos prolongados de saturación.

Por eso, en esta campaña la cantidad de lluvia será importante, pero su distribución temporal y espacial será todavía más importante.

La oportunidad productiva

Un año Niño puede representar una oportunidad concreta para el agro argentino cuando todavía permanece en la memoria reciente de los productores la amargura de varias campañas consecutivas de sequía con importantes reducciones de cosecha.

El INTA y el Conicet desarrollaron este año AgroENSO, una herramienta que utiliza 35 años de información climática y productiva para analizar el comportamiento de los principales cultivos extensivos argentinos durante las diferentes fases del fenómeno. La plataforma muestra que el impacto del ENOS es particularmente relevante para maíz y soja y que la respuesta varía según la región.

En el caso del maíz, una buena disponibilidad hídrica durante el período vegetativo pero especialmente en el de floración puede marcar una diferencia positiva sustancial en el rendimiento.

Para la soja, el período crítico es el de llenado de grano, aunque el beneficio de una buena recarga del perfil puede extenderse durante buena parte del ciclo, dependiendo, claro, de las temperaturas, la radiación y la distribución de las lluvias.

Por eso, la Bolsa de Cereales de Buenos Aires proyectó para el ciclo 2026/2027 una producción agrícola argentina de 157,9 millones de toneladas, prácticamente en niveles récord y ligeramente por encima de los 157,1 millones del ciclo anterior.

El problema del piso

En esta campaña, el productor deberá mirar con mayor atención no solo el milimetraje acumulado sino cuántos días habrá disponibles para entrar al lote.

La experiencia reciente de la región núcleo muestra que un régimen de lluvias más generoso puede mejorar rápidamente las reservas, pero también generar períodos en los que la maquinaria no pueda ingresar. La BCR lo resumió así: en un Niño fuerte a muy fuerte, el gran desafío será simultáneamente cosechar el trigo y sembrar la gruesa.

La situación obliga a pensar la campaña lote por lote. La capacidad de drenaje, el tipo de suelo, la presencia de napa, la fecha de siembra, la elección de híbridos y variedades y la estrategia de fertilización pueden adquirir una importancia mayor que en un año climático más estable.

También será clave conservar el piso. Entrar a un lote demasiado húmedo puede generar compactación, huellas y daños cuya consecuencia productiva se extienda mucho más allá de una campaña.

Las recomendaciones oficiales

Ante la posibilidad de lluvias intensas durante la primavera y el verano, la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (SAGyP) recomienda a los productores anticiparse y preparar los establecimientos, el manejo de los lotes y la infraestructura para reducir el impacto de eventuales excesos hídricos.

Entre las principales medidas, señala la necesidad de optimizar los canales de drenaje y mantener libres las vías de escurrimiento, además de revisar caminos, tranqueras, alambrados, zanjas y alcantarillas.

Desde el organismo recomiendan conservar la cobertura del suelo, mantener los rastrojos y utilizar cultivos de cobertura, además de priorizar sistemas de siembra directa, para favorecer la infiltración, reducir la erosión y preservar la estructura del suelo.

La SAGyP aconseja adecuar la maquinaria y las labores a las condiciones de humedad, evitando el tránsito sobre lotes saturados para no provocar compactación y pérdida de piso, y revisar con anticipación caminos, alcantarillas, zanjas y canales de drenaje.

Es que en un año Niño, el manejo del suelo pasa a ser una herramienta para administrar el exceso de agua, no solamente para conservar humedad.

La Secretaría también aconseja resguardar semillas, fertilizantes y maquinaria en lugares elevados y protegidos y, en los establecimientos ganaderos, identificar potreros altos y terrenos secos, prever zonas seguras para los animales y planificar con anticipación eventuales movimientos de hacienda.

El organismo destaca, además, la importancia de seguir los pronósticos y alertas oficiales y de coordinar las decisiones con municipios, comunas y organismos de emergencia. “Anticiparse y organizarse resulta fundamental para reducir riesgos y proteger a las personas, los animales, la producción y la infraestructura rural”, sintetizaron desde la SAGyP.

No confiar en el promedio

El Niño suele asociarse en la Argentina con mayores precipitaciones sobre buena parte de la región agrícola. Pero no significa que vaya a llover bien en todos los campos ni durante todos los meses. La propia evolución de septiembre es una demostración: mientras algunas zonas recibieron lluvias que permitieron recomponer reservas, otras continuaron con déficit hídrico.

Además, el fenómeno del Pacífico no es el único actor que determina el clima argentino. La circulación atmosférica regional, el comportamiento del Atlántico y otros forzantes pueden modificar sustancialmente la respuesta de las precipitaciones. Por eso, un escenario Niño no reemplaza los pronósticos de corto plazo ni la observación del lote.

El productor deberá aprovechar la señal húmeda, pero no sembrar ni manejar la campaña como si la lluvia estuviera garantizada.

De acuerdo con los pronósticos, en la próxima campaña gruesa El Niño ofrecerá una oportunidad para la producción argentina, aportando agua en etapas clave de definición del rendimiento de la soja y el maíz. No obstante, el desafío o, más precisamente, el deseo de todos los productores será seguramente que esa oportunidad no llegue toda junta.

Clarín – Mariela Vaquero

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