Mariano Malmierca, presidente de la Cámara de Distribuidores de Insumos Agropecuarios de Tucumán, explicó lo que llevó a esta situación. Indicó que la campaña 2024/25 comenzó con lluvias abundantes que permitieron una siembra anticipada, pero el panorama cambió drásticamente a partir de diciembre. “A partir de la segunda quincena de diciembre, las precipitaciones fueron inferiores al promedio histórico y las temperaturas máximas estuvieron por encima de los valores habituales”, detalló.
El estrés térmico y la falta de agua impactaron en los rendimientos: en soja se lograron entre 2000 y 2100 kilos por hectárea, por debajo de los 2400 necesarios en campos alquilados. El maíz rindió entre 5500 y 6000 kilos, y el poroto apenas 800 kilos, en un mercado deprimido por la sobreoferta brasileña. Muchos productores embolsaron su cosecha a la espera de mejores precios.
En otros cultivos importantes para el norte, como caña de azúcar y citrus, la situación también es difícil. A pesar de buenos rendimientos en caña, el precio actual de la bolsa no cubre los costos. El citrus, afectado por la baja de precios y la reorientación de empresas hacia la industria, recién ahora muestra leves signos de recuperación.
Toda esta combinación de factores, sumada al mal balance de campañas anteriores, explicó Malmierca, “generó mucha especulación por parte de los productores, lo que paraliza el mercado y retrasa las operaciones hasta prácticamente su fecha de uso”. Afirmó: “Mientras que los productores de la zona núcleo logran cierto margen operativo, en regiones como el NOA o el NEA la ecuación cambia drásticamente”.
Luis Calvo, de la distribuidora de insumos Agrodelnea y productor en Chaco, coincidió en que la cadena de pagos está “sumamente estresada”, aunque todavía no rota. “En algunos casos puede romperse, pero en muchos se va a estirar. Una cuenta que cobrabas en marzo ahora la vas a cobrar en diciembre. No es lo mismo estar estresado que estar roto”, explicó.
Aclaró que el impacto no es igual para todos. “La crisis no impacta igual a una empresa que explota campo propio que a una que alquila. Y lo mismo pasa del lado de los insumos: no es lo mismo venderles a productores estables que a pools de siembra locales, que son clientes más riesgosos”, señaló.
En su análisis, los modelos más expuestos son los que tomaron decisiones más arriesgadas. “Distribuidoras que se tiraron a sembrar aportando insumos y semillas, sin pagar alquiler, son las más afectadas. Porque si el año te sale malo, te desestabiliza por completo. Un año malo te puede borrar tres o cuatro años buenos. Es una cuestión de riesgo y de modelo de negocio”, dijo.
Calvo también remarcó las dificultades estructurales de la región. “Estamos lejos del puerto, lo que nos come un 15 a 20% del valor de la producción solo en fletes. No hay infraestructura: el ferrocarril apenas funciona. Y las tasas de interés están altísimas, tanto en pesos como en dólares”.
En ese contexto, advirtió que el financiamiento de la próxima campaña es una incógnita. “Las campañas siempre se terminan financiando, pero ahora no está claro quién va a hacerse cargo: pueden ser los laboratorios, los proveedores o los bancos. La deuda que se genere será comercial o financiera, y con las tasas actuales, si el banco no puede cobrar un 50% en pesos porque el negocio no lo resiste, alguien más va a tener que asumir ese riesgo”.
No todos comparten el mismo diagnóstico. Silvia Sánchez, fundadora de AGL, ofreció una mirada distinta sobre el NEA. “La situación agronómica del NEA es complicada porque venimos de dos años difíciles, donde el clima (sequía y temperaturas extremas) y la chicharrita se sumaron en un combo que afectó seriamente los rindes del maíz, algodón y soja, principales cultivos de la zona. De ninguna manera está cortada la cadena de pagos. Porque también debemos decir que veníamos de 20 años agroeconómicamente muy buenos”.
Sánchez remarcó que “dos años con rindes tan bajos afectan el flujo de fondos y generan desbalance financiero, pero patrimonialmente el productor que siembra en nuestra zona está de bien a muy bien. Así que esperamos contar con las herramientas financieras necesarias para sortear esta situación”.
Y agregó: “Los que trabajamos en la zona y los Laboratorios y Semilleros que están acá desde hace años entienden esta situación y acompañan a la producción. Desde nuestra agronomía atendemos a 650 clientes entre las dos firmas (AGL y Langellotti SRL) y ningún cliente no vino a honrar su deuda, a plantear su situación o a evaluar juntos un plan de pagos. Esto, dentro de la situación general, es realmente gratificante”.
También destacó un dato positivo: “Con las lluvias del otoño hay mucho trigo sembrado, y todo preparado para sembrar el girasol en julio/agosto”. Aseguró que el productor local “se está replantando el negocio y así lo está haciendo: reestructurando, minimizando gastos, bajando alquileres, eficientizando recursos”.
Campo – La Nación – Pilar Vazquez


