Lauret explica que el avance del conocimiento genómico, sumado a la creciente demanda internacional por carne de calidad y con atributos específicos —como mayor marmoleo—, refuerza el rol de la genética como palanca de transformación productiva. En la pista de Palermo, esto se vuelve visible: la información genética de cada reproductor cobra protagonismo, y los criadores cada vez más eligen sobre la base de datos objetivos.
Quien puede corroborar esto es Ricardo Orazi, gerente de cabaña La Pastoriza, quien participó en la competencia de la raza Angus con diez ejemplares y que hace pocas semanas remató casi 500 reproductores en San Miguel del Monte. "Lo que se ve en la pista es la misma genética que se vende en los remates para ser utilizada por criadores en sus rodeos generales. El productor reconoce el valor que tiene la genética, ve la diferencia en el volumen y la calidad de carne. Es por eso que el buen semestre que tuvo la cría se traduce en ventas muy fluidas de reproductores con genética tanto de pedigree como puro controlados".
Roque Cassini, productor y propietario de la cabaña La Cassina, del partido bonaerense de Guaminí, coincide en que la genética dejó de ser un “plus” para convertirse en una necesidad. “Vemos cada vez más interés, más consultas y más conciencia sobre el impacto real de incorporar genética evaluada. Los criadores ya no se fijan solo en la circunferencia escrotal o la facilidad de parto; también miran el consumo residual, el área de ojo de bife, la capacidad de engorde con eficiencia”, explica.
Cassini destaca que, a pesar del complejo contexto macroeconómico, hay entusiasmo porque la exportación —especialmente la demanda China— está traccionando fuerte. “Es un año un poco mejor que los anteriores. La hacienda se paga mejor, sobre todo en dólares. Pero el atraso del tipo de cambio y las retenciones siguen siendo trabas importantes”, advierte.
En ese sentido, subraya que bajar las retenciones a la carne sería una medida concreta para mejorar la competitividad. “Ese porcentaje que se le descuenta al exportador termina afectando el precio que cobra el productor. Si se eliminan las retenciones, habría más demanda, mejores precios y más incentivo para producir carne de calidad”, advierte.
Además, plantea la necesidad de contar con líneas de crédito a largo plazo y tasas accesibles para fomentar la retención y compra de vientres: “La ganadería requiere planificación. Sin previsibilidad, nadie puede invertir a tres años sabiendo que no sabe qué va a pasar con el dólar mañana”.
Por su parte Carlos Odriozola, productor y coordinador de la Comisión de Carnes de la Sociedad Rural Argentina (SRA), aporta una mirada integral. “El negocio ganadero está en un momento razonable, con las tres patas —cría, invernada y feedlot— en positivo. Pero lo más importante es la previsibilidad. Estamos hablando de decisiones que impactan a tres años, no de una campaña”, sostiene.
Para Odriozola, el cambio en la lógica del negocio es evidente: ya no se trata de especulación financiera, sino de eficiencia productiva. Y en ese punto, coincide con el resto en que la genética juega un rol clave. “La selección genómica avanza, no solo en características de rendimiento, sino también en calidad de carne. Cada vez más se buscan padres que transmitan mayor marmoleo, más rendimiento al gancho, mejores pesos de faena”, detalla.
Pero también resalta la necesidad de mejorar la competitividad sistémica: “Tenemos costos altos en impuestos, tasas municipales e ingresos brutos que siguen pesando. Eso, sumado a la falta de infraestructura y burocracia, complica al productor que quiere invertir en tecnología y crecer”.
Otra cuestión clave que menciona es la sanidad y la posibilidad de que Argentina logre el estatus de país libre de aftosa sin vacunación. “Sería un gran paso para acceder a más mercados, pero requiere compromiso: controles fronterizos efectivos, trazabilidad rigurosa, y un Senasa profesionalizado. También la responsabilidad del productor para detectar y denunciar focos sospechosos”, dice.
Pese a los desafíos, los referentes coinciden en que el potencial del negocio ganadero argentino sigue intacto. El contexto global es favorable: el consumo mundial de carne crece por encima del ritmo poblacional, y la Argentina —con una tradición ganadera reconocida y capacidad genética de punta— está en condiciones de ganar protagonismo.
Como resume Cassini: “Estamos mal, pero vamos bien. La exportación crece, hay conciencia genética, y si se dan algunas medidas mínimas, este negocio puede despegar en serio”.
Y Odriozola, en la misma línea, remata: “El consumo de proteínas sigue firme y Argentina está en el podio mundial. Si logramos eficiencia y previsibilidad, la ganadería puede ser uno de los motores del desarrollo”.
Rural – Clarín – Lucas Villamil


