La suspensión de la importación de terneros de México, unos 1,2 millones de crías anuales, equivale al 3% de la parición doméstica estadounidense y tendría efecto en una menor producción de carne vacuna el año próximo, para cuando ya se esperaban caídas significativas adicionales en la producción de carne de ese país.
Si Brasil llegara a perder el mercado de Estados Unidos, la oferta alternativa de carne podría provenir de Australia, Argentina, Paraguay y Uruguay (en ese orden).
Cabe interrogarse en qué mercados (¿China?) volcará Brasil el enorme volumen de carne que coloca ahora en Estados Unidos.
Hoy, perturbado por la guerra de aranceles del país del Norte, el mercado internacional muestra –todavía– un panorama muy favorable: en enero-junio las exportaciones de Brasil de carne vacuna crecieron un 17%; las de Australia, un 18%, y las de Paraguay, un 18%. En el mes de junio que acaba de terminar, la facturación diaria de las exportaciones brasileñas de carne vacuna creció un 52% con respecto a junio del año pasado.
Estados Unidos aumenta sus importaciones un 17% en lo que va del año, y China –que en enero-mayo bajó sus compras un 10%– está aumentando estas últimas semanas sus adquisiciones y mejorando los valores que paga.
Está firme la demanda de China, Estados Unidos y el sudeste asiático, con una oferta internacional de carne vacuna que promete caer en 2026.
El riesgo del freno chino
Sin embargo, la noticia más preocupante en el ámbito internacional está originada en la posibilidad de que las autoridades chinas establezcan limitaciones a las importaciones de carne vacuna. Circulan dos versiones: la primera es que a partir del año próximo se establecería un cupo fijo de importación de carne vacuna, repartido entre los países proveedores, mediante cuotas, y todo lo introducido por encima de ese cupo adjudicado a cada país pagaría un arancel elevado.
La segunda versión dice que China fijaría una cuota fija global, donde los diferentes países exportadores competirían hasta agotarla, utilizando el sistema llamado “primero llegado, primero servido”, similar al que usa la Unión Europea con la cuota 481.
Como se ha verificado también en el caso de la cuota de importación de los Estados Unidos, el sistema de “primero llegado, primero servido” podría favorecer a Brasil, cuyos volúmenes exportables son gigantescos y que podría apresurase a embarcar hasta agotar la cuota anual prematuramente.
Agrovoz – La Voz del Interior


