La clave es que estas externalidades sean reconocidas por la sociedad global, así como las consecuencias negativas (en lo ambiental y lo social) están bajo el escrutinio de la opinión pública. Las grandes corporaciones globales de alimentos, como Nestlé, PepsiCo, las cadenas de supermercados, y muchas empresas locales están tomando cartas en el asunto. Esta semana Mastellone brindó su informe de sustentabilidad. Y se conoció una iniciativa muy fuerte de LDC (sigla de la antiquísima Louis Dreyfus Co), uno de los más grandes jugadores en el trading de productos agrícolas básicos.
LDC está en el negocio “B to B”. Es decir, no llega al consumidor en forma directa, sino que comercia productos agrícolas con las empresas elaboradoras. Pero esta posición en la cadena la pone frente al desafío de responder a las nuevas demandas de los consumidores, cada vez más preocupados por la forma en que se producen los ingredientes básicos de los alimentos. Lo que implica no solo garantía de salud, sino los aspectos ambientales y sociales relacionados con el proceso.
En LDC implementaron un plan, que se inició con la incorporación de ocho productores en la zona núcleo, abarcando unas 10.000 hectáreas que adhirieron a un protocolo de prácticas regenerativas. Incluye cinco aspectos básicos: cultivos de servicio, integración con la ganadería en la rotación, rotación de cultivos comerciales, manejo responsable de nutrientes (MRN) y manejo integrado de plagas (MIP). El objetivo explícito es “ayudar a reducir las emisiones de carbono, conservar los ecosistemas, los recursos naturales e impulsar la resiliencia climática”.
El programa cuenta con la colaboración de Peterson, consultora vinculada a la certificadora Control Union, que hará las verificaciones de campo, Syngenta, y por supuesto la propia AAPRESID. Hay un socio financiero (Banco Galicia) que ofrecerá beneficios especiales para las inversiones necesarias. Y Nestlé Argentina impulsando la demanda de leche proveniente de rodeos alimentados por sistemas basados en agricultura regenerativa y baja huella de carbono.
El plan se irá ampliando, y para el 2030 esperan involucrar a 400 productores y 200.000 hectáreas. El punto de confluencia es la terminal de General Lagos, donde hay una gran capacidad de almacenaje, y se cuenta con la posibilidad de segregar distintas partidas de productos.
Es solo la punta del iceberg. En el sector, muchos descreen de la cuestión del cambio climático y lo ve como parte de una amenaza extremista. ¿Será que todos vienen a contramano?
Otros lo ven como una oportunidad. Usted elige.
Rural – Clarín – Héctor Huergo


