Sábado, 04 Octubre 2025 12:50

Tras la fugaz baja de retenciones. La solución definitiva es dejar hacer

El resultado del flash de la eliminación transitoria de las retenciones fue extraordinario para el Gobierno, que logró que los exportadores liquidaran 7 mil millones de dólares en los primeros tres días de la semana anterior. Con esta medida logró superar la crisis originada en la debacle electoral en la provincia de Buenos Aires, recuperando “momentum” político en instancias decisivas.

También resultaron favorecidos los productores, que percibieron una parte sustancial del beneficio, ya que los exportadores tuvieron que salir a cubrir la mercadería comprometida en las Declaraciones Juradas de Ventas al Exterior. Esto dio rápidamente por tierra con las especulaciones de muchos de afuera y de adentro del sector, que se habían apresurado a instalar la idea de contubernios varios y prebendas de distinta naturaleza. La realidad es que los precios de las distintas especies estuvieron, (Ver página 2) desde que se conoció el decreto, por encima de los que reciben los productores de los países vecinos, donde no rigen los derechos de exportación. Todo este debate hizo mucho daño. Lo bueno es que volvió cierta calma. Y llegará la solución definitiva cuando se termine en forma definitiva con las obscenas retenciones.

Pero aquí hay un asunto muy delicado. El gobierno norteamericano, presionado por los farmers, le avisó a la Argentina que el apoyo financiero de 20 mil millones de dólares (la otra pata de la solución de la crisis), no es para que se extienda el “tax holiday” para los commodities argentinos. Más que una sugerencia, es un peligroso antecedente que amerita una respuesta.

Lo que dicen los sojeros estadounidenses es que con la ayuda de Washington, la Argentina se dio vuelta y le vendió varios millones de toneladas de soja a China, que había castigado a los norteamericanos como respuesta a la suba de aranceles de importación para todos los productos chinos. Y que la eliminación de las retenciones había dejado a la soja argentina en mucho mejor posición competitiva que la norteamericana.

Esto y pedir que nunca mas se reduzcan los derechos de exportación es una misma cosa. Pero veamos un poquito.

En primer lugar, es inadmisible, en la diplomacia comercial, que alguien exija a otro país que castigue con impuestos a su sector más competitivo, en beneficio precisamente de su competidor. El telón de fondo es que nadie puede competir con la soja y otros productos agrícolas argentinos en igualdad de condiciones. Esto debe ser defendido a rajacincha por el gobierno argentino. Pero hay más.

Estados Unidos viene castigando fuerte a los productos agrícolas argentinos. Lo hizo hace unos años con el biodiesel, con aranceles extraordinariamente altos, para favorecer su propia elaboración de biocombustibles. Esto tuvo un efecto secundario mortal para nuestro país: al no importar biodiesel, para elaborarlo ellos mismos, necesitaron proveerse de más aceite. Que también trabaron. Consecuencia: una expansión fortísima de la molienda de soja, lo que originó una creciente cantidad de harina. Recordemos que la harina de soja es el principal producto de exportación de la Argentina, con embarques por 15/20 mil millones de dólares por año.

Corolario: ahora los EEUU están amenazando el liderazgo mundial de la Argentina en el mercado de harina de soja, y además deprimiendo los precios. Todo a partir del proteccionismo y los subsidios internos al biodiesel. Esto hay que ponerlo sobre la mesa.

Y pasa con otros productos. Hay una cuota de 20.000 toneladas de carne vacuna que está siendo castigada. El telón de fondo es que la inexistencia de un tratado de libre comercio complica las transacciones en innumerables cadenas agroindustriales argentinas. Y en ese marco, aparece esta amenaza suficientemente explícita como para ser considerada seriamente.

La respuesta debe ser que para que la Argentina sea una aliada, debe ser viable. Y para ser viable, lo más sano es permitir que sea realmente competitiva.

Rural – Clarín – Héctor Huergo