La gran pregunta que todos se hacen es cuánto hay de clima y cuánto de tecnología. La respuesta, desde estas páginas: “es la tecnología, estúpido”. Hace treinta años algunos expertos sostenían que en la Argentina no había condiciones para trigos de cien quintales. Hoy se quemaron todos los papeles. La nueva genética, a partir de la generación Baguette, puso un nuevo piso. Desde que se lanzó la primera variedad (Baguette 10) superó a las mejores en cada región. El “gap” era evidente.
Hoy todos los semilleros incorporaron germoplasma europeo de punta, rompiendo definitivamente el paradigma de la genética “defensiva”. La introducción se la debemos a la visión de Francisco Firpo y Eduardo Leguizamón, que desde Nidera tuvieron que pelear con el “no va a andar” que presagiaban muchos especialistas. Que los problemas de calidad, que las enfermedades, que la mayor exigencia en nutrición. “En Francia subsidian”, explicaban.
La respuesta (dimos la batalla en estas páginas desde hace 30 años) era que si nosotros hacíamos lo mismo, tendríamos resultados parecidos. Si aplicábamos el paquete europeo en nuestro sistema tradicional, lo único que íbamos a lograr era un trigo revolcado. Nos faltaba la genética y el manejo. Bueno, aprendimos a darle de comer en serio, a controlar malezas, enfermedades, insectos. Aquí estamos, vamos llegando, y la buena noticia es que queda mucha tela para cortar.
La cuestión es que, con estos rindes, el trigo dejó de ser el antecesor pobre de la soja, para pasar a ser un protagonista esencial. Imaginemos una soja de 30/35 o un maíz de 80 quintales sobre estos trigos en la zona núcleo…
Y hay más. Esta misma semana, la secretaría de Agricultura emitió un informe en el que resalta un aumento de 60.000 hectáreas en la superficie regada. Y hace eje en la incorporación de 600 nuevos pivotes, con una inversión de 140 millones de dólares. Fantástico que esto haya ocurrido en tiempos de turbulencia. Imaginemos lo que podríamos lograr si, una vez que se consoliden pasos clave como la reducción del costo de la energía, el riego complementario en todas las regiones trigueras donde haya agua disponible. Si no la hay, habrá que llevarla.
Hoy, cuando se habla de agua, es para sacarla porque nos seguimos inundando, como hace 200 años. Hoy hay que pensar distinto. En grande.
Rural – Clarín – Héctor Huergo


