Mediante sensores, satélites y algoritmos de aprendizaje, la red permite vincular suelo, clima y manejo agrícola para optimizar la producción y reducir el impacto ambiental. La información se convierte así en el nuevo insumo estratégico del agro.
Esta sinergia público-privada entre ciencia, industria y campo impulsa una verdadera revolución silenciosa: la de un campo que interpreta su entorno y actúa con precisión. Desde el INTA aseguran que “la clave está en lograr que cada decisión productiva sea informada, sostenible y eficiente”.
En este punto, Ferrari dio un paso más y aseguró: “Hoy, gracias al impulso de la IA, el big data y el Internet de las Cosas, la Argentina se posiciona en el puesto 11° mundial en desarrollo de tecnología agrícola, consolidando su liderazgo regional”.
“Tenemos capacidad científica, industria nacional y productores tecnificados —resumió Ferrari—. Solo falta animarnos a escalar. Si adoptamos plenamente estas herramientas, no solo podremos alimentar al mundo, sino también generar bioenergía y nuevos productos verdes”.
El futuro ya empezó
El modelo que propone el INTA no solo busca producir más, sino producir mejor. La Inteligencia Artificial se convierte en una aliada para anticipar eventos climáticos, planificar la siembra y el riego, y reducir el desperdicio de insumos.
En este contexto, se enmarca el trabajo conjunto del INTA y sus socios estratégicos, que proyectan una agricultura conectada, consciente y regenerativa, donde cada byte de información ayuda a recuperar el equilibrio entre el suelo y el planeta.
Para Ferrari, “la agricultura del futuro no dependerá solo del clima o de la genética, sino de nuestra capacidad de integrar conocimiento, tecnología y propósito. Y ese propósito es simple y poderoso: asegurar que cada chico, en cualquier rincón del planeta, tenga su plato de comida”.
Tranquera Abierta – Diario Puntal, Río Cuarto


