Un pacto entre China y los países del Mercosur tendría no sólo un contenido histórico por su enorme impacto económico y comercial, sino también un admirable sentido de la oportunidad, porque es más que evidente que el acuerdo Unión Europea/Mercosur ha entrado en una fase de total agotamiento, como lo demuestra la carencia absoluta de voluntad política del gobierno de Bruselas, completamente marginado de los acontecimientos mundiales, y que sostiene un proteccionismo agrícola acérrimo y reaccionario, especialmente centrado en Francia, que es el centro y eje del proteccionismo agrícola en el mundo de hoy.
Pero la política internacional es un mundo de realidades, no de palabras, como es la pasión de París; el dato concreto es que la producción agroalimentaria sudamericana, es la más competitiva e innovadora del mundo, y en esa condición la pesadilla del lobby agrícola de París y Bruselas.
En suma, este es el momento y también la oportunidad de buscar un acuerdo de libre comercio entre China y el Mercosur, que son 2 economías absolutamente complementarias, que están precedidas en su camino de integración por el pacto de cooperación establecido entre Donald Trump y Xi Jinping.
El acuerdo Mercosur/China tiene como característica no sólo el libre acceso de las exportaciones sudamericanas al mayor mercado de consumo de alimentos del mundo, y en este sentido es exactamente lo contrario de la clausura del mercado europeo por el proteccionismo agrícola francés, sino que, además de eso, es una garantía de inversiones de todo tipo especialmente las orientadas al desarrollo de los sistemas productivos agroalimentarios y su infraestructura.
Tanto Chile como Perú tienen ya acuerdos de libre comercio con China; y en el caso chileno, el presidente electo José Antonio Katz, es un entusiasta partidario de la libre asociación con la República Popular; y al mismo tiempo, el nuevo mandatario recientemente elegido por una diferencia abrumadora de casi 20 puntos respecto a su adversaria oficialista, también ha señalado que aspira a que la producción agroalimentaria y minera de la Argentina y de la Región se dirija al Pacifico a través de los puertos chilenos, todos ellos de aguas profundas y de última generación tecnológica.
En cuanto a Perú, se ha convertido en el segundo productor mundial de cobre, después de Chile, por su libre asociación con China, que ha financiado y construido el puerto de Chancay sobre el Pacífico, y cuya tecnología, casi completamente automatizada, se encuentra entre las más avanzadas del sistema global.
Sin embargo, el requisito fundamental para sellar un acuerdo de libre comercio entre China y el Mercosur, descartando para siempre el pedazo de madera de la Unión Europea, no está en el examen de los datos objetivos que fundamentan su realización, sino en alejar los fantasmas respecto a la “expulsión de China de la Región”, y atreverse a pensar y a imaginar libremente; y en el caso de duda consultar con la dupla de expertos en acuerdos de complementación y cooperación, que son Donald Trump y Xi Jinping, los dos principales líderes del mundo actual.
El autor es analista internacional
Rural – Clarín


