Para facilitar el trámite desde el lado de la UE, los textos se presentan en dos instrumentos legales paralelos: el Acuerdo de Asociación (Apem) y el Acuerdo Comercial Interino (ITA), que solo contiene el pilar comercial. Para que este último entre en vigor solo se requiere la aprobación del Parlamento Europeo. Desde el lado del Mercosur, regirá en cada país a medida que lo apruebe, sin tener que esperar a los otros socios.
Un gigante
El documento que se firmará el 17 de enero en Asunción prevé la creación de una zona de libre comercio entre ambos bloques. El presidente de Brasil, Inacio Lula Da Silva, resaltó que el acuerdo involucra al 20% del PBI mundial, con un impacto de u$s 22 billones. El comercio entre ambos bloques asciende a 88.000 millones de euros al año en bienes y 34.000 millones de euros en servicios.
El entendimiento desarma de manera gradual las barreras arancelarias y despliega un marco regulatorio sobre servicios, propiedad intelectual, contratación pública, comercio sostenible, empresas estatales y mecanismos para resolver controversias.
El Mercosur aspira a aumentar las exportaciones agroindustriales, energéticas y mineras. Europa, además de obtener garantías de abastecimiento en alimentos, energía y minerales críticos, busca vender bienes industriales y, al mismo tiempo, reposicionarse en un escenario global cada vez más competitivo frente a Estados Unidos y China. De hecho, la ratificación del acuerdo cerró una semana larga que arrancó con el ataque estadounidense a Venezuela, invocando la actualización de la doctrina Monroe, y la ofensiva para anexar Groenlandia.
El canciller Pablo Quirno celebró la decisión europea y aseguró que la Argentina accederá “de manera preferencial a la tercera economía global, un mercado de 450 millones de personas, que representa cerca del 15% del PBI mundial”. La UE, dijo, eliminará aranceles para el 92% de las exportaciones argentinas y otorgará acceso preferencial para otro 7,5%.
El detalle
Las empresas agrícolas y agroindustriales que operan en el país sacarán ventaja, a expensas de las que producen bienes industriales.
La Fundación del Instituto de Negociaciones Agrícolas Internacionales (Inai), de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, lo destacó por las “grandes oportunidades” que abre en una época signada por “tensiones geopolíticas y debilitamiento del multilateralismo”.
En un documento recordó que la UE importó en 2024 unos u$s 220.000 millones en productos agroindustriales, de los cuales la Argentina solo aportó el 3%. El acuerdo, subrayó, equipara al Mercosur con competidores como Canadá, México, Chile y Ucrania.
Los aranceles para el 70% de las exportaciones agroindustriales del bloque se eliminarán apenas se ratifique el trato. Son productos de la pesca, porotos y harina de soja, maní, frutas (manzanas, peras, uvas), frutos secos, aceites vegetales industriales, despojos bovinos, porcinos y ovinos, menudencias, grasas y semen bovino. Para otro 14% habrá un plazo de cuatro a diez años. En ese cronograma entran la harina de maíz, los aceites vegetales, las preparaciones alimenticias, los cítricos (limones, naranjas), frutillas, manteca, biodiésel, hortalizas, mermeladas, arroz partido, alimentos para mascotas, conservas de pescado, golosinas y vinos.
Otro 15,5% accederá a cuotas preferenciales. Es el caso de la carne bovina (100.000 toneladas), aviar (180.000 toneladas), porcina (25.000 toneladas), maíz/sorgo (1 millón de toneladas), leche en polvo (10.000 toneladas), quesos (30.000 toneladas) y etanol (650.000 toneladas), entre otros. Las cuotas son para todo el Mercosur y requieren mecanismos internos de distribución. El primer país en ratificar podrá usar el 100% de la cuota UE hasta que los demás se sumen.
El acuerdo limita la aplicación de licencias y restricciones al comercio exterior y, en el caso de la Argentina, compromete a eliminar derechos de exportación (DEX) sobre productos con destino a la UE, desde el tercer año de la ratificación del tratado. Hay excepciones, como soja, hidrocarburos, corcho, papel y chatarra. Para la oleaginosa, de todos modos, se fija un tope de 18% desde el año cinco, bajando linealmente hasta 14% en el año 10.
Habrá también un marco regulatorio en materia sanitaria, algo fundamental en un contexto de endurecimiento de los requisitos en la UE, y medidas de facilitación del comercio. Además, se establecen derechos y obligaciones básicas en materia laboral y ambiental. En materia de propiedad intelectual, el acuerdo reconoce 355 Indicaciones Geográficas (IGs) de la UE y 104 del Mercosur (de las cuales 104 corresponden a la Argentina).
Un trabajo del centro de estudios Fundar señaló que el acuerdo limita, por ejemplo, la posibilidad de restringir la exportación de minerales críticos.
Los efectos
Un informe elaborado por el Cippec hace unos años señaló que Argentina tiene potencial de aumentar las exportaciones de productos agroindustriales con este acuerdo. Como contrapartida, crecerían las importaciones de bienes industriales europeos. Uno de los rubros más delicados es el automotor. Un impacto “colateral”, advirtió el estudio, es la “erosión de preferencias arancelarias” que hoy tienen los productos argentinos en Brasil, principal destino de bienes industriales locales.
El acuerdo de asociación contiene tres pilares. El comercial, que incluye 23 capítulos y 21 anexos; el político, que establece canales permanentes de diálogo, y el de cooperación.
Los líderes europeos salieron, en su mayoría, a celebrar la aprobación. “Al fin”, posteó el presidente español Pedro Sánchez en sus redes sociales. El canciller alemán, Friedich Merz, aseguró que es un “hito en la política comercial europea y una clara señal de nuestra soberanía estratégica y capacidad de acción”.
Agroclave – La Capital


