Sábado, 24 Enero 2026 05:37

El acuerdo Mercosur-UE pone en alerta a la olivicultura Argentina

Dedicamos esta edición de Clarín Rural al acuerdo Unión Europea-Mercosur, que genera expectativas favorables para los principales rubros del sector agrícola sudamericano. En las páginas centrales se analizan los posibles beneficios para la producción “pamphúmeda”.

Pero no todas son rosas. Hay preocupación en varios sectores. El caso más delicado es el de la producción de olivos, importantísima en provincias como San Juan, Mendoza y La Rioja. Así como está, en el caso del aceite de oliva y las aceitunas, el acuerdo expone a la producción argentina a competir en condiciones profundamente desiguales.

Quienes siguen esta columna, saben que no se trata de encubrir ineficiencias, como lo ha hecho históricamente la UE con su proteccionismo. El propio acuerdo celebrado la semana pasada en Paraguay habilita a los europeos a aplicar salvaguardias cuando algún sector corre el riesgo de ser perjudicado. No importa si son o no competitivos. Consideran que los afecta y punto.

¿Qué cambia con el acuerdo UE–Mercosur en la cadena olivícola? El acuerdo prevé una reducción progresiva de aranceles para el ingreso de productos europeos. Actualmente, Argentina aplica una protección cercana al 31% al aceite de oliva importado. A pesar de esto, es muy fuerte la presencia de numerosas marcas españolas (también italianas) en las góndolas argentinas. Están más baratos que los precios de exportación a granel del producto argentino.

Por otro lado, Brasil, es uno de los principales destinos del aceite argentino y de aceituna de conserva, aplica un arancel del 10%. Voceros del sector sostienen que reducir o eliminar estos aranceles sin corregir las asimetrías existentes implica abrir el mercado a aceites europeos producidos bajo fuertes subsidios estatales.

España tiene 2.800.000 hectáreas con olivos y concentra cerca del 50% de la producción mundial de aceite de oliva. El tema es que España no es más eficiente: su producción está fuertemente subsidiada. La mayor parte del olivar español es de secano, ubicado en zonas de sierra, con muy baja productividad. Produce entre 300 y 500 kg de aceite por hectárea. Requiere cosecha manual o semimecanizada, de alto costo. Compensan con subsidios, de la UE (se estima en 2 mil millones de euros anuales) y del propio gobierno español.

Es un tema delicado. Se trata básicamente de subsidios sociales para evitar el despoblamiento rural. En Andalucía, el 30% del ingreso del olivar es subsidio. Es un ancla social que se sustenta también con créditos blandos, beneficios fiscales y promoción a la exportación. Esto implica dumping indirecto, caída de precios internacionales y pérdida de competitividad para países sin subsidios estructurales.

Brasil es el mercado más relevante del Mercosur. Consume cerca de 100.000 toneladas de aceite de oliva por año, tres veces la producción argentina. Importa más del 95% de lo que consume. Más de la mitad de esas importaciones provienen de Portugal y España. Brasil para la Argentina es un socio importante y tiene un potencial de crecimiento gigantesco. Pero si el aceite europeo ingresa con menores aranceles, el precio de referencia del mercado brasileño cae y arrastra a toda la región.

En contraste, la olivicultura argentina es altamente eficiente. Lo hemos contado en nuestras páginas. Producción bajo riego por goteo, altamente tecnificado, rendimientos de entre 1.700 y 1.800 kg de aceite por hectárea, cosecha mecanizada y mejor calidad de fruta.

Desde el punto de vista productivo, Argentina es más eficiente que España. El aceite europeo se vende a precios que no reflejan su costo real de producción. Frente a esta situación, a la hora de implementar el acuerdo, es fundamental evitar el daño. Más allá de los inexorables “deberes” internos, como el costo laboral, el IVA del 27% en la energía y otras lindezas, se impone acoplar el ritmo de la reducción de los aranceles con el desarme de los subsidios en la UE y en particular en España.

Rural – Clarín – Héctor Huergo