Hay un boom de parrillas argentinas en París y Madrid donde los bifes de lomo de angus de 400 g cotizan 40 €. ¿Qué mejor invitación a probar un bife de charoláis premium un poco más accesible? En este sentido, la nueva cuota de apenas 100.000 toneladas de carne vacuna que terminaron aceptando los representantes del Mercosur - negociaban 400.000 toneladas - constituye la prueba de que lejos de perjudicar a los ganaderos franceses, el famoso Tratado los va a proteger por décadas ante cualquier competencia sudamericana.
A pesar de ello, rechazan el acuerdo con el Mercosur con el apoyo unánime del Parlamento francés, cosa rarísima.
Los franceses suelen tener una visión de la campiña muy distinta a lo que es hoy el Agro. De algún modo, la Chacra Francia se está “pampeanizando” en cuanto a la evolución de sus estructuras jurídicas y productivas, con tintes empresariales y financieros cada vez más abiertos.
A pesar del agribashing ambiental que lo rodea, el agricultor francés suele ser percibido como un héroe nacional, visto como el guardián de nuestra gastronomía y de nuestros paisajes. Falta poco para que sea considerado como una atracción turística en sí, y está perfecto así.
Hay que contextualizar este mambo francés con la figura del agricultor en medio de tensos debates sobre temas migratorios y luego de una ola de atentados cometidos por extranjeros. En tal contexto, el rechazo al otro se ha normalizado de manera preocupante. Totalmente ajenos a este clima, los chacareros argentinos terminan padeciendo una clara forma de discriminación por parte de sus pares galos al frente de las manifestaciones contra el Mercosur. La gran pregunta es si conviene responderles o ignorarlos.
La experiencia argentina con el reglamento europeo sobre la No deforestación ha sido enriquecedora. Este reglamento ha sido postergado por un año más, por ser una ley impulsada por personas que nunca pisaron ni La Pampa ni el Mato Grosso, inaplicable por no tener en cuenta los sistemas silvopastoriles… y hasta la soberanía de las leyes del Brasil. A pesar de ello, Argentina fue la primera nación en hacer todo lo posible para cumplir con los requisitos europeos, con el sistema VISEC, a pesar del costo y de las aberraciones de Bruselas. Con una recompensa económica nula.
Ahora que los legisladores de los cuatro países del Mercosur van a dictaminar sobre el famoso tratado comercial y descubrir los detalles de cláusulas agregadas al texto a última hora por el Parlamento europeo, la hazaña será llegar al objetivo final sin descuidar la libertad de emprender en el Campo ante el riesgo de importar esta burocracia europea tan criticada por los mismos agricultores franceses.
“La idea es comprarles autos y que ustedes nos compren carne”, me recordó Daniel Burt, el director de la Cámara paraguaya de carnes.
Así de sencillo debería ser.
El autor es periodista y consultor de origen francés, que cubre desde hace dos décadas la realidad agroindustrial en Sudamérica
Rural – Clarín


