Por supuesto, esta presión impositiva distorsiva no fue creada por la administración Milei: hace 23 años que el Estado argentino le viene quitando ingresos al campo que, según diversos estudios, llega a un monto de US$200.000 millones. En otras palabras, el agro arranca en -10.
Por fuera de la discusión económica, los datos recientes reflejan que la mejora de la actividad no es transversal a todos los rubros del agro. Al respecto, el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA) dio a conocer un informe sobre la evolución de las exportaciones en 2025 según los diferentes complejos. A nivel global, las exportaciones del agro alcanzaron los US$50.549 millones, un 9,3% más que en 2024. Pero al desglosar por cadenas se observan caídas en actividades que se contradicen con la idea de que el agro vive un boom.
Así, las mayores subas relativas fueron para el girasol (49,6%), las legumbres (48%) y el trigo (33,7%). En montos, “los complejos soja (12%), carne y cuero vacuno (28%) y trigo (112%) fueron los de mayor contribución a la suba”, dice el informe. Y los que mitigaron la suba fueron maíz (-12%), cebada (-11,7%) y olivícola (-37%). Pero hay otros sectores que tuvieron bajas sustanciales como la vitivinicultura (-4,6%) o la avicultura (-4,7%), entre otros.
El escenario de inflación a la baja y estabilidad económica representa una mejora para todas las actividades, pero muchas enfrentan suba de costos y una presión impositiva en diferentes niveles (nacional, provincial y municipal) que las coloca en una posición difícil.
A eso se suman las dificultades de la infraestructura que no tendrán una resolución en el corto plazo.
Además, en algunas cadenas, el crecimiento de las cifras de exportación no necesariamente significa que en toda la actividad el escenario es favorable. Lo dijo en los últimos días Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) respecto de la lechería. En un comunicado, la entidad expresó que “la producción primaria lechera respondió en 2025 a una coyuntura favorable con una recuperación concreta de los niveles de producción, tal como se preveía”. Sin embargo, añadió, “lejos de verse reflejado ese esfuerzo en una mejora para el productor, la respuesta fue una baja en el precio de la leche, trasladando nuevamente el ajuste al eslabón más débil de la cadena”. En otras palabras: los tamberos. “A pesar de que en diciembre de 2025 la producción fue un 18,6% superior a la de enero del mismo año, los recursos efectivamente volcados a la producción primaria fueron menores”, recordó CRA.
El agro puede ser uno de los puntales del crecimiento de la economía: ya demostró que cuando las señales son correctas responde rápidamente con mayor inversión y producción, pero está lejos de ser el “beneficiado” o “agraciado” por el nuevo modelo económico. Todavía hay mucho que hacer y corregir.
Campo – La Nación – Cristian Mira


