La actual etapa de precios firmes, según Lafuente, podría extenderse al menos uno o dos años más, mientras que para el consultor de empresas Fernando Canosa la demanda internacional insatisfecha podría sostener el buen escenario durante tres a cinco años.
En el plano productivo, la industria y los productores están adaptándose a un escenario de oferta limitada. Lafuente destaca que en el mercado de Cañuelas aparecen cada vez más animales destinados a invernada, incluso vacas y vaquillonas que llegan tras los tactos con un estado corporal intermedio y son compradas por los frigoríficos para recibir una nueva terminación a corral. Según afirmó, muchos frigoríficos compran hacienda casi terminada y la envían a feedlots para asegurar abastecimiento, aprovechando nuevas formulaciones nutricionales y establecimientos habilitados para mercados con exigencias de trazabilidad. Este comportamiento refleja la necesidad de garantizar mercadería en un contexto de escasez estructural, mientras los precios de los terneros anticipan un ciclo prolongado de incentivos para la cría.
Sin embargo, todos los especialistas coinciden en que la mejora de precios sólo podrá aprovecharse en el largo plazo si aumenta la producción. Odriozola subraya que la expansión de la oferta dependerá principalmente del crecimiento del número de vientres y de mejoras en la eficiencia reproductiva, procesos que requieren varios años por los tiempos biológicos de la actividad. Por su parte, Bameule considera que la recomposición del stock estará condicionada por factores macroeconómicos como el costo del financiamiento, la presión impositiva y la competitividad general. En este sentido, Lafuente sostiene que serán necesarias políticas de largo plazo que incentiven la producción de más kilos de carne, mediante créditos e incentivos fiscales para la inversión en vientres.
Desde el punto de vista técnico, Canosa señala que la principal limitante para crecer es la disponibilidad de alimento. Aunque Argentina dispone de buena genética y adecuados niveles sanitarios y de manejo, la base del aumento productivo será una mayor producción de pasto, tanto a partir de mejoras en los campos naturales como mediante la implantación de pasturas más productivas y la incorporación de infraestructura que permita aprovechar toda la superficie disponible. Según el consultor, la intensificación forrajera permitiría elevar significativamente la carga animal y la producción de carne, convirtiéndose en la herramienta clave para que Argentina pueda responder a la demanda internacional.
El escenario actual combina así precios atractivos y perspectivas favorables con desafíos estructurales pendientes. La demanda global creciente y la oferta limitada configuran una oportunidad inédita para la ganadería argentina, pero su aprovechamiento dependerá de la capacidad de incrementar la producción y de sostener reglas estables que permitan planificar inversiones de largo plazo. De lograrse estas condiciones, el sector podría consolidarse como una fuente creciente de divisas y como uno de los pilares más dinámicos del agro argentino en los próximos años.
Rural – Clarín – Lucas Villamil


