En el NOA, donde todas las trampas fueron instaladas en lotes de maíz, se registró un aumento sostenido de la chicharrita. Solo el 10% de las localidades no presentó capturas, mientras que el 41% alcanzó niveles superiores a 100 adultos por trampa.
Una tendencia similar se observó en el NEA, otra de las zonas endémicas, donde el 97% de las trampas estuvo en cultivos de maíz. Allí, apenas el 2% no registró presencia del insecto, mientras que en el 52% de los casos se superaron los 100 individuos.
En la región del Litoral, el 79% de las trampas detectó capturas, con predominio de niveles bajos, aunque con incrementos marcados en localidades de Paraná y Villa Mantero.
Por su parte, en el Centro-Norte, con fuerte presencia de maíz en etapa reproductiva, el 86% de las localidades registró chicharrita y en el 44% se superaron los 100 adultos por trampa, destacándose puntos de San Jerónimo Norte y Esperanza.
En contraste, la región Centro-Sur mostró un escenario más moderado: el vector estuvo ausente en el 70% de las localidades, aunque se detectaron leves incrementos en su dinámica poblacional.
Una red clave para anticipar riesgos
La Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis fue creada en 2024 como respuesta al impacto del complejo del achaparramiento del maíz, que afectó gran parte de la producción nacional. La iniciativa es coordinada por Asociación Maíz y Sorgo Argentino y cuenta con la participación de entidades como INTA, Aapresid y CREA, entre otras.
El sistema permite relevar en tiempo real la presencia del insecto y su nivel de infectividad, aportando información estratégica para la toma de decisiones en el manejo sanitario del cultivo.
En un contexto donde la sanidad del maíz se volvió un factor crítico, los datos actuales ofrecen un alivio para los productores, aunque con una advertencia clara: el monitoreo y la prevención seguirán siendo claves en las próximas campañas.
Campolitoral – El Litoral, Santa Fe


