Desde el sudoeste bonaerense, Roque Cassini refuerza el diagnóstico con datos concretos: “Los criadores nunca vivimos un verano como el que pasó. Vender terneros por 6.700 pesos por kilo es mucha plata; una jaula alcanza los 70.000 dólares, algo nunca visto”.
Recría, engorde e industria, más ajustados
Al avanzar en la cadena aparecen las diferencias. Lizzi advierte que los eslabones intermedios muestran “resultados más heterogéneos”, muy dependientes de la eficiencia de cada sistema.
Boetto ubica al feedlot en una posición intermedia, condicionada a la capacidad de agregar kilos: “Hoy los números no le cierran si no agrega muchos kilos a cada animal”. Elizalde coincide y suma el impacto del maíz, que encarece los costos del engorde.
Angelillo amplía la mirada: “Los más expuestos son los frigoríficos y el consumo interno. La industria sufre la falta de hacienda y el peso de sus costos fijos, mientras que el mostrador no tiene margen para convalidar subas por el bajo poder adquisitivo, lo que genera un techo para el resto de la cadena”.
En la misma línea, Fernando Herrera, presidente de la Asociación de Productores Exportadores (APEA), describe: “La industria atraviesa una situación más compleja. Tiene que comprar una materia prima muy cara y además enfrenta costos en dólares en alza, como mano de obra, energía e impuestos”.
Hacia un mayor equilibrio
Frente a este escenario, las propuestas convergen en un eje común: producir más y hacerlo con mayor eficiencia. Herrera lo resume con claridad: “Deberíamos producir más carne. Eso permitiría bajar la tensión dentro de la cadena y lograr un mayor equilibrio”. El problema, advierte, es estructural: Argentina produce alrededor de 3 millones de toneladas de carne desde hace 25 años, lo que genera tensiones cuando la demanda se expande.
Para Lizzi, la clave está en generar condiciones más que en intervenir directamente: “El desafío no es equilibrar la cadena, sino darle previsibilidad para que los propios actores encuentren su nuevo punto de equilibrio”. Esto implica reglas claras, señales de precios y confianza para invertir.
Angelillo propone medidas concretas: aumentar el peso de faena, mejorar la tasa de destete y facilitar financiamiento para la recría. “Más terneros por vaca darían el oxígeno de oferta que la cadena necesita”, sintetiza. En esa línea, Lizzi agrega que hoy la relación ternero/vaca ronda 0,62–0,67 y que llevarla a 0,75–0,78 implicaría un salto productivo significativo.
Desde el manejo, Boetto pone el foco en la infraestructura: advierte que sin mejoras en agua, alambrados y organización de potreros “no se puede administrar correctamente el pasto”, lo que limita la eficiencia del sistema.
Cassini, por su parte, le pone paños fríos a la épica del boom y introduce una mirada crítica: “Hay aspectos de la ganadería argentina que tenemos que corregir, como el bajo índice de procreo y el bajo peso de faena. Sacar el peso mínimo de faena es un error, volvimos a lo que se hacía hace 15 años, faenando animales de 230 kilos, es un peso muy bajo y es una ineficiencia en la ganadería”, dice. Y agrega: “Tenemos que producir más y mejor. La inversión en genética es una de las claves, porque hay un diferencial enorme entre animales con y sin carga genética”.
Desafíos: productividad, inversión y adaptación
De cara al futuro, el diagnóstico vuelve a converger: el gran desafío es mejorar la productividad. “El salto no va a venir por más cabezas, sino por más eficiencia”, plantea Lizzi, al tiempo que destaca la necesidad de mejorar el uso del forraje, los pesos de faena y la genética.
Por su parte Angelillo sí cree que es necesario intentar recomponer el stock. “El reto es repoblar los campos tras la sequía y años de desincentivo político, y esto exige una fuerte inversión y mayor retención de vientres, resignando ingresos inmediatos en pos de la producción futura”. Entre esas inversiones, el correntino menciona la trazabilidad. “Debemos estar preparados para brindar información precisa sobre el origen y manejo de la hacienda”, dice. Además, plantea la importancia del acceso al crédito y de esquemas de integración con la industria que brinden mayor previsibilidad.
Desde Salta, Elizalde también pone el acento en la inversión y en la incorporación de la trazabilidad: “Hay mucho por hacer en genética, manejo, sanidad y alimentación. Es momento de invertir, producir más kilos y ser más eficientes”, señala, y destaca la incorporación de tecnología de gestión y análisis de datos.
Boetto coincide en la profesionalización del manejo: “Si trabajás en los procesos, los resultados vienen solos”, afirma, subrayando la importancia de planificar y monitorear.
Finalmente, Herrera sintetiza el desafío en una frase que atraviesa a toda la cadena: “Básicamente, lo que hay que hacer es producir más”. Una consigna simple, pero exigente, que marcará el rumbo de la ganadería argentina en los próximos años.
Rural – Clarín – Lucas Villamil


