Los primeros ensayos con vacas también entusiasman. Un híbrido petiso seleccionado por su calidad produjo alrededor de 4% más leche corregida por energía —aproximadamente 1,8 kilos diarios por vaca— que un convencional alto. La digestibilidad de su fibra fue superior a la del convencional, aunque generalmente no alcanzó la del BMR.
Y aquí aparece el verdadero debate. El BMR sigue siendo el campeón de la fibra digestible. Su menor contenido de lignina acelera el pasaje por el rumen, permite aumentar el consumo y resulta especialmente valioso en vacas de muy alta producción. Pero suele pagar esa ventaja con menor rendimiento de materia seca, menos almidón y mayor riesgo de vuelco.
El petiso podría ubicarse en el medio: no tendría toda la calidad del BMR, pero combinaría mejor digestibilidad que un convencional, alto contenido de almidón, más estabilidad y, eventualmente, similar producción de materia seca.
Ahora bien, ¿cómo entra el contratista en esta discusión? En muchos planteos cobra por tonelada de materia verde picada. Y una tonelada de materia verde no dice cuánto alimento se está guardando. Puede contener 300, 350 o 400 kilos de materia seca, además de enormes diferencias en almidón y digestibilidad. Cobrar por tonelada fresca puede generar una curiosa distorsión: cuanto más húmedo sea el cultivo, más viajes, más compactación, más combustible y mayor factura, aunque no aumenten los nutrientes llevados al silo. El productor estaría pagando un plus por cosechar agua y material de bajo valor nutricional.
Por eso la comparación correcta no debería terminar en kilos de materia seca por hectárea. Hay que medir kilos de materia seca digestible, kilos de almidón, leche potencial y kilos de carne por hectárea.
Todavía falta validación argentina, con nuestros híbridos, ambientes, densidades y sistemas de confección. Pero la hipótesis merece ser ensayada. El maíz petiso podría no desplazar al BMR en las vacas de punta ni superar siempre al convencional en biomasa. Su lugar podría ser otro: convertirse en el silaje de equilibrio, capaz de reunir rendimiento, calidad y seguridad agronómica.
Al final, una planta alta no vale por los centímetros que alcanza ni por los camiones que llena. Vale por la cantidad de esa planta que el animal transforma en leche o carne.
Rural – Clarín – Héctor Huergo


