En el mismo sentido, Lee comentó que “los productores quieren producir pensando en dejar un suelo resiliente para las generaciones venideras”, un aspecto que observa tanto puertas afuera como en el agro local.
En el transcurso del panel, Lee remarcó las diferencias más importantes entre la región estadounidense donde centra sus estudios y las zonas maiceras argentinas. Destacó que en Estados Unidos los productores son dueños de sus tierras, y son actores muy activos en la comunidad local, donde viven. También apuntó que los campos en Kentucky poseen superficies de cultivo pequeñas, a comparación de las de Argentina, que van desde 7 hasta 15 hectáreas, con ondulaciones muy marcadas que condicionan la actividad agropecuaria.
La forma de producir
Por otro lado, el período de siembra coincide con la ocurrencia de lluvias, por lo que la ventana es de 11 a 14 días, con 3 días de precipitaciones en los que no se puede entrar al campo. Es un aspecto que exige la planificación de procesos ágiles. “En nuestra región los suelos son someros, los inviernos más fríos y, en general, tenemos más riesgos climáticos que Argentina, pero la siembra directa nos ayuda desde hace 48 años a gestionar esta desventaja con una reducción en la necesidad total de nitrógeno”, explicó Lee al tiempo que recordó al primer productor de maíz que se animó a la siembra directa y sembró 1 acre junto a la ruta para que todos vean cómo evolucionaba, “si funcionaba o fracasaba” el cultivo con ese novedoso sistema allá por 1962.
Asimismo, agregó que en la evolución de los sistemas también fue crucial “la fertilización de precisión apoyada en 70 años de análisis validados por la universidad”, estudios que permiten definir qué necesita cada suelo. En ese sentido, indicó que no utilizan azufre en otoño, como sí se hace en Argentina. Y dijo que la manera más económica de usar es en líquido con la sembradora en el surco.
Con respecto a la cosecha, una de las principales diferencias es que el grano se trilla con un 28% de humedad como ventaja logística, destinándose un 10% del volumen a las fábricas del whisky bourbon. “Existe una relación de cooperación entre las destilerías y los agricultores, y la universidad es un nexo importante en esta sinergia”, señaló Lee.
A modo de conclusión, el investigador resaltó que la experiencia argentina lidera la agricultura mundial y aseguró que la siembra directa, el análisis de suelos, la rotación y la inclusión de cultivos de cobertura son un combo que funciona. “Pensar en una intensificación inteligente implica encontrar respuestas adaptadas a cada sistema para producir más y al mismo tiempo construir suelo”, subrayó tras contar que hoy en su zona ya hay tercera generación de farmers que hacen siembra directa en sus campos.
Agroclave – La Capital – Patricia Martino


